Una reflexión personal sobre la experiencia de crear desde dentro con motivo del Día de las Escritoras.
Me gusta ese momento inicial, cuando la idea todavía está abierta y puedo imaginar distintas posibilidades sin necesidad de decidir inmediatamente cuál será el resultado. Cualquier detalle puede llevarme por un camino inesperado y abrir nuevas opciones que todavía no había considerado.
Cuando empiezo a escribir, intento trasladar al papel lo que tengo en la cabeza. Sin embargo, lo que imagino no siempre se transforma en palabras con facilidad. A veces tengo bastante claro lo que quiero contar, pero me cuesta encontrar las frases adecuadas. Otras veces, una idea que parecía sencilla empieza a adquirir matices que no había previsto.
Esa distancia entre lo que pienso y lo que consigo expresar puede resultar frustrante. Quiero que una frase transmita algo concreto, que una escena tenga sentido o que una reflexión conserve aquello que me llevó a escribirla. Cuando no lo consigo, siento que todavía falta algo, aunque no siempre sepa identificar exactamente qué.
También hay ocasiones en las que una palabra cambia el sentido de un párrafo o una nueva idea modifica lo que estaba desarrollando. Entonces descubro que escribir no consiste únicamente en trasladar un pensamiento a un texto. Mientras intento expresarlo, también puedo encontrar nuevas formas de comprenderlo.
Me interesa especialmente lo que sucede cuando una historia empieza a alejarse de lo que había imaginado. Un personaje puede adquirir una importancia inesperada, una situación puede plantear nuevas preguntas o un detalle puede abrir una posibilidad que no estaba en mis planes. En esos momentos, me gusta explorar esa nueva dirección y descubrir qué puede aportar a lo que estoy creando.
La imaginación me permite construir personajes con circunstancias diferentes a las mías, explorar situaciones que no conozco directamente y plantearme cómo podrían reaccionar ante determinados acontecimientos. No necesito tener todas las respuestas antes de empezar. A veces, precisamente, lo interesante está en descubrirlas mientras doy forma a la historia.
Pero el proceso creativo no siempre resulta fluido. Hay ocasiones en las que me cuesta avanzar, una idea pierde fuerza o no encuentro la expresión que busco. Puedo sentir impaciencia por no alcanzar el resultado que tenía en mente o preguntarme si estoy enfocando el texto de la manera adecuada. Entonces necesito tomar distancia y observar lo que estoy haciendo desde otra perspectiva.
Cuando regreso a un texto después de dejarlo reposar, a veces encuentro una solución que antes no veía. Otras veces descubro que necesito cambiar más cosas de las que pensaba. No siempre hay una respuesta inmediata, y eso pone a prueba mi paciencia. Sin embargo, también me ayuda a comprender que algunas dificultades necesitan tiempo para encontrar una solución.
Hay una sensación que valoro especialmente: encontrar, después de varios intentos, una manera de expresar aquello que llevaba tiempo buscando. No se trata necesariamente de conseguir una frase brillante ni de escribir algo extraordinario. Es algo más concreto y personal: reconocer que las palabras se acercan a lo que quería transmitir y que el texto empieza a tener el sentido que buscaba.
Mi relación con el resultado también cambia de una creación a otra. A veces siento satisfacción por haber conseguido darle forma; otras, necesito dejar pasar un tiempo antes de saber cómo me relaciono con lo que he escrito. Incluso después de terminar un texto, puedo descubrir nuevos matices al releerlo.
No todas las ideas nacen del mismo lugar ni siguen el mismo recorrido. Algunas me despiertan entusiasmo desde el principio, mientras que otras necesitan más tiempo para encontrar su sentido. Hay creaciones que se desarrollan de manera espontánea y otras que me llevan a detenerme en cuestiones que no había considerado. Esa diversidad hace que cada experiencia creativa sea diferente.
El Día de las Escritoras me ofrece una ocasión para pensar en las mujeres que encuentran en las palabras una manera de desarrollar su creatividad y explorar sus inquietudes. Cada una puede vivir ese proceso de forma distinta, con motivaciones, circunstancias y expectativas propias. No todas las experiencias tienen que parecerse para que podamos reconocer el valor de lo que cada mujer crea.
Esta fecha también me lleva a reflexionar sobre la libertad de decidir qué queremos hacer con nuestras palabras. Una idea puede convertirse en una historia que compartimos, en una reflexión que hacemos pública o en un texto que preferimos conservar para nosotras. No todo lo que imaginamos necesita tener un destino definido desde el principio, ni todas las ideas tienen que llegar a convertirse en una obra terminada.
Quizá por eso me gusta tanto el momento en que una idea empieza a adquirir forma. Todavía puede cambiar o llevarme a plantear algo diferente, pero ya existe una posibilidad que antes solo estaba en mi imaginación. A partir de ahí, cada decisión me permite explorar nuevos caminos y descubrir qué quiero hacer con ella.
En esta manera de vivir la creación reconozco algo propio: mi interés por explorar lo que todavía no está resuelto y descubrir qué pueden llegar a expresar las palabras. No siempre sé qué encontraré al comenzar, y esa incertidumbre deja espacio para que surjan ideas que no habría podido anticipar.
En este Día de las Escritoras, quiero dar espacio a esa experiencia menos visible de la escritura: a los pensamientos que preceden a un texto, a las emociones que aparecen mientras toma forma y a la satisfacción de encontrar una expresión que se acerca a lo que queremos decir. A todo aquello que sucede durante el proceso y que no siempre queda reflejado en el resultado final.
Porque también hay una escritora en mí cuando una idea despierta mi curiosidad, cuando una historia me lleva a imaginar otras posibilidades y cuando intento encontrar las palabras que mejor expresan lo que quiero transmitir. Está en las preguntas que todavía no tienen respuesta y en el descubrimiento de aquello que no sabía que estaba buscando.
Soy Lorena García Rodríguez, y esta es una parte de mi relación con la escritura que quiero seguir explorando: la que nace de la curiosidad, se desarrolla entre pensamientos y emociones y me permite descubrir nuevas posibilidades en cada proceso creativo.



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