Ayer, 2 de octubre, se celebró el Día Internacional de la Educación Social.
Y aunque esta publicación llegue un día después de la fecha señalada, creo que hay profesiones que merecen que hablemos de ellas más allá de un día concreto.
La Educación Social es una de ellas.
Desde Viviendo a través de la Parálisis Cerebral he hablado muchas veces de inclusión, autonomía, participación, derechos, accesibilidad, desigualdad y de la necesidad de cambiar la manera en la que miramos determinadas realidades.
Pero detrás de muchas de esas cuestiones también hay profesionales que trabajan cada día acompañando personas, generando oportunidades, creando espacios de participación, previniendo situaciones de exclusión y tratando de conseguir algo que debería estar al alcance de cualquiera: poder formar parte de la sociedad y desarrollar el propio proyecto de vida con dignidad.
Por eso hoy quiero detenerme en la Educación Social.
No solamente para explicar qué es, sino para acercarla a quienes nunca han tenido contacto con esta profesión y mostrar por qué su trabajo es importante dentro de nuestra sociedad.
Y quiero hacerlo también desde una mirada personal y profesional.
Porque soy Técnica Superior en Integración Social y formo parte del ámbito de la intervención social. Precisamente por ello, considero importante reconocer el trabajo de quienes ejercen como educadoras y educadores sociales y, al mismo tiempo, hablar de algo que considero fundamental: poner en valor las diferentes profesiones que trabajan alrededor de las personas y sus realidades sociales.
Hoy hablamos de Educación Social.
La Integración Social tendrá su propio espacio otro día.
Pero también quiero aprovechar esta fecha para reconocer que ninguna profesión debería entenderse de manera aislada cuando hablamos de intervención con personas.
¿QUÉ ES REALMENTE LA EDUCACIÓN SOCIAL?
Cuando escuchamos la palabra “educación”, muchas veces pensamos inmediatamente en un colegio, un aula, profesores, asignaturas, exámenes o libros.
Pero educar también puede suceder fuera de las aulas.
La Educación Social trabaja precisamente en muchos de esos espacios donde las personas aprendemos a relacionarnos, participar, convivir, desenvolvernos, conocer nuestros derechos y formar parte de nuestra comunidad.
Es una profesión de carácter pedagógico y social que desarrolla acciones socioeducativas para favorecer el desarrollo personal y social, la participación y la inclusión.
Dicho de una manera mucho más sencilla:
la Educación Social trabaja con las personas y con su relación con la sociedad.
Y eso significa mucho más que enseñar algo.
Significa acompañar procesos.
Escuchar.
Orientar.
Facilitar oportunidades.
Prevenir situaciones de exclusión.
Promover aprendizajes para la vida.
Favorecer la participación.
Trabajar la convivencia.
Crear espacios seguros.
Mediar ante determinadas situaciones.
Y ayudar a que las personas puedan desarrollar sus capacidades y participar en su entorno.
Porque educar socialmente no consiste en decirle a una persona cómo tiene que vivir.
Consiste también en acompañarla para que pueda construir su propio camino.
¿QUÉ HACE UN EDUCADOR O EDUCADORA SOCIAL?
La respuesta puede ser muy diferente dependiendo del ámbito en el que trabaje.
No desarrolla exactamente las mismas actuaciones una educadora social que trabaja con infancia que otra que trabaja con personas mayores, jóvenes, personas con discapacidad, personas en situación de exclusión, familias o dentro de un proyecto comunitario.
Pero hay una idea que puede ayudarnos a entender su trabajo:
la Educación Social interviene a través de procesos educativos y sociales.
Puede acompañar a una persona durante un proceso de cambio.
Trabajar habilidades sociales.
Favorecer la participación.
Desarrollar actividades educativas.
Prevenir determinadas situaciones de riesgo o exclusión.
Trabajar la convivencia.
Dinamizar grupos.
Promover relaciones positivas.
Facilitar el acceso a oportunidades y recursos.
Impulsar proyectos comunitarios.
O acompañar procesos destinados a mejorar la participación social.
Y algo muy importante: la educadora o el educador social no trabaja únicamente con la persona de manera individual.
También puede trabajar con grupos, familias, comunidades y entornos.
Porque muchas veces, para cambiar una realidad, no basta con intervenir sobre una persona.
También tenemos que mirar qué está ocurriendo a su alrededor.
¿CON QUIÉN Y DÓNDE PUEDE TRABAJAR LA EDUCACIÓN SOCIAL?
La Educación Social puede estar presente en muchos ámbitos y con personas muy diferentes.
Infancia y adolescencia.
Personas mayores.
Personas con discapacidad.
Personas en situación de vulnerabilidad o exclusión social.
Personas migrantes.
Familias.
Juventud.
Proyectos de convivencia.
Participación ciudadana.
Desarrollo comunitario.
Prevención.
Mediación.
Recursos sociales.
Asociaciones y fundaciones.
Centros y servicios socioeducativos.
Y muchos otros espacios en los que exista una necesidad de intervención educativa y social.
Esto también nos permite entender algo importante:
la Educación Social no trabaja únicamente con personas que tienen “problemas”.
También puede trabajar para prevenir situaciones, fortalecer relaciones, generar participación, desarrollar proyectos y crear espacios donde las personas puedan aprender, relacionarse y formar parte activa de su comunidad.
Porque intervenir socialmente no debería significar esperar a que todo vaya mal para actuar.
También significa prevenir, acompañar y construir.
EDUCACIÓN SOCIAL Y DISCAPACIDAD
Desde mi propia realidad, este punto tiene para mí un significado especial.
La discapacidad puede formar parte de los ámbitos en los que se desarrolla la intervención socioeducativa, pero una persona con discapacidad no debería reducirse nunca a su discapacidad.
Y esto es algo que considero fundamental.
Cuando hablamos de intervención social podemos caer, sin darnos cuenta, en mirar solamente aquello que una persona necesita.
Pero una persona no es solamente sus necesidades.
También tiene deseos, capacidades, preferencias, relaciones, proyectos, intereses, responsabilidades, decisiones y una historia propia.
Por eso, acompañar a una persona con discapacidad no debería significar decidir constantemente por ella.
Acompañar no es sustituir.
Apoyar no significa quitar capacidad de decisión.
Y ayudar no significa asumir que sabemos mejor que la propia persona cómo debe vivir.
En algunos casos serán necesarios determinados apoyos para comunicarse, desplazarse, acceder a recursos, estudiar, trabajar, participar o tomar decisiones.
Pero el objetivo del apoyo debería ser facilitar la participación y la autonomía, no convertir la ayuda en una forma de control.
Desde mi perspectiva, esta diferencia es esencial.
Porque la inclusión no consiste únicamente en que una persona pueda estar físicamente en un lugar.
Consiste también en que pueda participar, expresarse, decidir y ser tenida en cuenta.
NO TRABAJAR SOLAMENTE CON LA PERSONA: TAMBIÉN CON SU ENTORNO
Aquí aparece otra cuestión que me parece fundamental en cualquier intervención social.
Si una persona tiene dificultades para participar, no siempre tenemos que preguntarnos únicamente:
“¿Qué le pasa a esta persona?”
También deberíamos preguntarnos:
“¿Qué está pasando a su alrededor?”
Porque muchas dificultades no están solamente en la persona.
Pueden estar en el entorno.
En una barrera arquitectónica.
En una información que no es accesible.
En una comunicación que no contempla diferentes necesidades.
En una dificultad económica.
En la falta de oportunidades.
En una brecha digital.
En un entorno educativo poco adaptado.
En prejuicios.
En estereotipos.
En actitudes paternalistas.
En la falta de recursos.
O simplemente en una sociedad que todavía no está preparada para aceptar toda su diversidad.
Por eso la intervención social no debería limitarse a intentar que la persona se adapte continuamente al mundo.
También tenemos que preguntarnos qué podemos cambiar nosotros para que el mundo sea más accesible, participativo e inclusivo.
Y esta es una de las miradas que considero especialmente valiosas dentro de la Educación Social.
EDUCACIÓN SOCIAL E INTEGRACIÓN SOCIAL: DOS PERFILES PROFESIONALES DIFERENTES
Llegados a este punto, puede aparecer una pregunta bastante lógica:
Si trabajan dentro del ámbito social, ¿Educación Social e Integración Social son lo mismo?
No.
Son perfiles profesionales diferentes, con formaciones diferentes y competencias propias.
La Educación Social es una profesión de carácter pedagógico con formación universitaria.
La Integración Social corresponde al título de Técnico Superior en Integración Social, perteneciente a la Formación Profesional de Grado Superior.
Por tanto, no estamos hablando de dos nombres diferentes para una misma profesión.
Pero tampoco estamos hablando de profesiones que tengan que competir entre ellas.
Pueden encontrarse en determinados recursos, proyectos y equipos de intervención y, dependiendo del contexto, complementarse desde las competencias propias de cada perfil.
Y aquí quiero ser especialmente clara desde mi propia posición profesional:
yo soy Técnica Superior en Integración Social.
Pero esta publicación no pretende explicar qué hace una integradora social.
Eso merece una publicación propia y quiero darle el espacio que corresponde.
Hoy mi intención es reconocer y acercar la Educación Social.
Porque conocer las diferencias entre profesiones no significa separarlas.
Al contrario.
Cuando sabemos qué aporta cada profesional, podemos comprender mejor el valor del trabajo en equipo.
PONER EN VALOR LAS PROFESIONES DE LA INTERVENCIÓN SOCIAL
Y precisamente aquí quiero ampliar un poco la mirada.
Cuando hablamos de intervención social, no estamos hablando de una única profesión.
Hay diferentes perfiles profesionales que, desde su propia formación y competencias, pueden intervenir en distintos momentos y ámbitos de la vida de las personas.
Educadoras y educadores sociales.
Trabajadoras y trabajadores sociales.
Técnicas y técnicos de Integración Social.
Psicólogas y psicólogos.
Terapeutas ocupacionales.
Y otros muchos profesionales que, dependiendo del ámbito de intervención, pueden formar parte de equipos y procesos de acompañamiento.
No todos hacen lo mismo.
No tienen la misma formación.
No tienen las mismas competencias.
Y no tienen por qué desempeñar las mismas funciones.
Y precisamente ahí está una parte importante de su valor.
Poner en valor una profesión no significa restar valor a las demás.
Reconocer a la Educación Social no significa olvidar al Trabajo Social.
Reconocer la Integración Social no significa compararla constantemente con la Educación Social.
Y reconocer la labor de una terapeuta ocupacional no significa convertir su trabajo en una extensión del de otro profesional.
Cada disciplina aporta conocimientos, herramientas y perspectivas diferentes.
Y cuando esas perspectivas se coordinan adecuadamente, pueden ofrecer una respuesta más completa ante realidades que, por su propia complejidad, no pueden entenderse desde una única mirada.
Porque las personas tampoco somos una sola dimensión.
Podemos necesitar apoyo social, educativo, psicológico, ocupacional, sanitario o comunitario en diferentes momentos de nuestra vida.
Y eso no significa que seamos un conjunto de problemas que hay que solucionar.
Significa que las personas tenemos vidas complejas y diversas, y la intervención profesional también necesita ser capaz de responder a esa diversidad.
Por eso considero tan importante poner en valor el conjunto de profesionales que trabajan en este ámbito.
No desde la competencia.
Desde la complementariedad, la coordinación y el respeto por las competencias de cada profesión.
UNA MIRADA SOCIOEDUCATIVA: CUANDO EDUCAR TAMBIÉN ES GENERAR OPORTUNIDADES
Para entender mejor la Educación Social, podemos imaginar una situación muy cotidiana.
En un barrio hay personas que apenas participan en las actividades comunitarias.
Algunas viven solas.
Otras son jóvenes que no encuentran espacios donde sentirse parte de su comunidad.
Hay personas mayores que han ido perdiendo relaciones sociales.
También puede haber personas con discapacidad que encuentran barreras para participar.
Y personas que han llegado recientemente al barrio y todavía no conocen sus recursos ni han creado vínculos.
Podríamos pensar que simplemente tenemos que organizar actividades.
Pero una mirada socioeducativa va un poco más allá.
Primero habría que conocer esa realidad.
Escuchar a las personas.
Preguntar qué necesitan.
Descubrir qué les interesa.
Detectar qué barreras existen.
Observar quién participa y quién está quedándose fuera.
Y a partir de ahí diseñar una intervención.
Porque una actividad puede estar perfectamente organizada y, sin embargo, no conseguir que participe nadie que realmente necesite ese espacio.
La Educación Social puede trabajar precisamente sobre esos procesos: crear oportunidades de participación y acompañar a las personas para que puedan aprovecharlas.
MINI PROYECTO: “UNA COMUNIDAD PARA TODOS”
A partir de esta realidad podríamos plantear un pequeño proyecto comunitario.
La realidad de partida
En muchas comunidades existen personas que tienen dificultades para participar en las actividades de su entorno.
No siempre porque no quieran hacerlo.
A veces existen barreras, falta de información, soledad, dificultades económicas, problemas de accesibilidad o simplemente ausencia de espacios donde puedan sentirse parte.
Por eso el punto de partida no debería ser:
“¿Por qué estas personas no participan?”
Sino:
“¿Qué podemos hacer para que participar sea realmente posible?”
Necesidades detectadas
- Crear espacios de encuentro.
- Favorecer las relaciones entre personas diferentes.
- Detectar barreras que dificultan la participación.
- Dar a conocer los recursos existentes.
- Facilitar actividades accesibles.
- Potenciar la participación comunitaria.
- Dar protagonismo a las propias personas en la creación de propuestas.
Objetivo general
Favorecer la participación social y comunitaria de personas con diferentes edades y realidades, creando espacios donde puedan relacionarse, aportar ideas y formar parte activa de su entorno.
Algunas actuaciones
Se podrían organizar encuentros comunitarios, actividades culturales, talleres, espacios de conversación y propuestas creadas por los propios vecinos y vecinas.
Pero el proyecto no debería limitarse a organizar actividades.
También sería necesario conocer qué está funcionando y qué no.
Preguntar a las personas participantes.
Detectar nuevas barreras.
Modificar aquello que sea necesario.
Y evaluar si realmente se ha conseguido favorecer una mayor participación.
La mirada de la Educación Social
En este proyecto, la Educación Social tendría una función especialmente vinculada al acompañamiento socioeducativo y comunitario.
Se trataría de favorecer relaciones, participación, convivencia y aprendizaje dentro de la propia comunidad.
No sería simplemente organizar actividades.
Sería crear procesos en los que las personas puedan participar, relacionarse, adquirir herramientas y sentirse parte de su entorno.
¿A quién podría beneficiar?
A personas mayores.
A jóvenes.
A familias.
A personas con discapacidad.
A personas migrantes.
A personas que viven solas.
A personas en situación de vulnerabilidad.
Y, en realidad, a cualquier persona que quiera formar parte activa de su comunidad.
Porque una comunidad inclusiva no debería construirse pensando solamente en un colectivo.
Debería tener en cuenta la diversidad de las personas que la forman.
¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS COMO SOCIEDAD?
No todo depende de los profesionales.
Esta parte también me parece importante.
Podemos escuchar más.
Dejar de hablar constantemente por otras personas.
Preguntar antes de asumir.
Respetar decisiones.
No convertir las diferencias en motivo de burla.
No utilizar etiquetas como si definieran completamente a alguien.
Facilitar la participación.
Hacer accesible la información.
Crear espacios donde todas las personas puedan aportar.
Y entender que la inclusión no es solamente responsabilidad de quienes trabajan en el ámbito social.
La inclusión también se construye en nuestras familias, centros educativos, trabajos, asociaciones, espacios de ocio, barrios y comunidades.
Los profesionales pueden acompañar procesos de cambio.
Pero la sociedad también tiene que estar dispuesta a cambiar.
MI RECONOCIMIENTO A LA EDUCACIÓN SOCIAL Y A QUIENES TRABAJAN EN LA INTERVENCIÓN SOCIAL
Como Técnica Superior en Integración Social, quiero aprovechar esta publicación para reconocer el trabajo de las educadoras y los educadores sociales.
Pero también quiero hacer extensivo ese reconocimiento a todas esas profesiones y profesionales que, desde diferentes caminos, trabajan alrededor de las personas y sus realidades.
A quienes trabajan desde la Educación Social.
Desde el Trabajo Social.
Desde la Integración Social.
Desde la Psicología.
Desde la Terapia Ocupacional.
Y desde tantos otros ámbitos profesionales que pueden formar parte de los equipos y procesos de intervención.
No porque nuestras profesiones sean iguales.
Precisamente porque son diferentes.
Creo que conocer nuestras diferencias profesionales nos permite valorar mejor aquello que cada perfil puede aportar.
Desde distintos caminos formativos podemos encontrarnos dentro de un mismo ámbito de intervención y trabajar alrededor de cuestiones que afectan directamente a la vida de las personas: las desigualdades, la exclusión, la falta de oportunidades, la participación, la autonomía, la convivencia, los derechos y la inclusión.
Y hay algo que considero todavía más importante:
trabajamos con personas.
Personas que no deberían convertirse nunca en expedientes, diagnósticos, números o etiquetas.
Personas con historias.
Con capacidades.
Con dificultades.
Con derechos.
Con decisiones.
Con sueños.
Y con derecho a participar en la sociedad.
Por eso necesitamos profesionales preparados, comprometidos y conscientes de la responsabilidad que supone intervenir socialmente.
Y también necesitamos que la sociedad conozca mejor estas profesiones.
Porque muchas veces valoramos un trabajo solamente cuando comprendemos lo que hay detrás de él.
Poner en valor la intervención social también significa reconocer a quienes hacen posible, desde diferentes profesiones, que muchas personas puedan encontrar apoyos, oportunidades y espacios de participación.
EDUCAR, ACOMPAÑAR Y TRANSFORMAR
Quizá la Educación Social pueda resumirse, para quienes no conocen esta profesión, en tres palabras:
Educar.
Acompañar.
Transformar.
Pero cada una de ellas contiene muchísimo más.
Educar no es simplemente transmitir conocimientos.
Acompañar no es decidir por otra persona.
Transformar no significa cambiar a las personas para que encajen en la sociedad.
También significa trabajar para que la sociedad sea capaz de generar oportunidades, participación, convivencia y derechos para todas las personas.
Y esa mirada es especialmente importante en una sociedad diversa.
Porque no necesitamos que todas las personas sean iguales para convivir.
Necesitamos aprender a convivir con nuestras diferencias.
Ayer se celebró el Día Internacional de la Educación Social.
Hoy, un día después, quiero que esta publicación sirva para seguir hablando de ella.
Para reconocer a quienes ejercen esta profesión.
Para acercarla a quienes todavía no la conocen.
Para poner en valor el conjunto de profesiones que forman parte, desde diferentes perspectivas y competencias, de la intervención y el acompañamiento social.
Y para defender una idea que atraviesa también todo lo que intento construir con Viviendo a través de la Parálisis Cerebral:
detrás de cada realidad social hay personas que merecen ser escuchadas, respetadas y tenidas en cuenta.
Porque cuando educamos para convivir, acompañamos sin sustituir y generamos oportunidades para participar, no solamente estamos ayudando a una persona.
También estamos construyendo comunidad.
Y cuando una comunidad aprende a incluir, escuchar y respetar su diversidad, poco a poco también cambia la sociedad.
Viviendo a través de la Parálisis Cerebral
Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.
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