Integración Social, autonomía y participación en un mundo cada vez más digital
La publicación anterior de Viviendo a través de la Parálisis Cerebral partía de una realidad concreta: cumplir años en una sociedad cada vez más digital puede significar encontrarse con nuevas barreras.
Hablábamos de personas mayores, pero también de algo mucho más amplio: la brecha digital no depende únicamente de tener o no tener Internet.
Puede aparecer cuando una persona dispone de un teléfono, pero no sabe utilizar una aplicación.
Cuando tiene conexión, pero no comprende un trámite.
Cuando puede acceder a una página web, pero la información es demasiado compleja.
Cuando necesita realizar una gestión y el único camino disponible es digital.
O cuando necesita apoyo para utilizar una herramienta tecnológica y, en lugar de recibir acompañamiento para aprender, alguien termina haciendo todo por ella.
Desde la Integración Social, esta realidad puede abordarse desde una pregunta muy concreta:
¿Qué apoyos necesita una persona para poder desenvolverse con la mayor autonomía posible en un entorno que cada vez exige más competencias digitales?
Y esta pregunta cambia bastante la manera de intervenir.
Porque no se trata simplemente de enseñar a utilizar un móvil.
Se trata de favorecer que una persona pueda utilizar la tecnología como una herramienta para participar en su propia vida.
La brecha digital también puede convertirse en una barrera para la autonomía
Hoy muchas actividades cotidianas dependen, directa o indirectamente, de herramientas digitales.
Solicitar una cita.
Consultar información.
Realizar una gestión.
Comunicarse.
Comprar una entrada.
Utilizar determinados servicios.
Buscar empleo.
Acceder a formación.
Mantener contacto con familiares o amistades.
Participar en actividades.
Por eso, cuando una persona tiene dificultades para desenvolverse en estos entornos, las consecuencias pueden ir mucho más allá de no saber utilizar una aplicación.
Puede empezar a depender de otras personas para realizar determinadas tareas.
Y aquí aparece una cuestión importante para la intervención social:
apoyar no debería significar sustituir.
Si una persona puede aprender a realizar una determinada gestión con los apoyos adecuados, hacerla siempre por ella puede solucionar el problema inmediato, pero también puede impedir que desarrolle esa capacidad.
La intervención debe preguntarse qué puede hacer la persona por sí misma, qué necesita aprender, qué apoyos requiere y qué barreras existen en el entorno.
No se trata de obligarla a ser independiente a cualquier precio.
Se trata de favorecer su autonomía respetando sus capacidades, sus decisiones y sus ritmos.
¿Qué puede aportar la Integración Social?
El integrador o integradora social puede intervenir en este ámbito desarrollando actuaciones dirigidas a favorecer la autonomía personal y social, la participación y el acceso a recursos del entorno.
Esto puede implicar trabajar habilidades concretas relacionadas con el uso cotidiano de herramientas digitales cuando formen parte de los objetivos de intervención.
Pero antes de enseñar cualquier herramienta hay algo fundamental:
conocer a la persona.
No podemos empezar una intervención pensando que todas las personas necesitan aprender lo mismo.
Una persona puede necesitar aprender a utilizar una aplicación de transporte.
Otra puede necesitar realizar una gestión administrativa.
Otra puede querer comunicarse mediante videollamadas.
Otra puede necesitar aprender a utilizar una herramienta relacionada con el empleo.
Y otra puede necesitar simplemente comprender cómo utilizar determinadas funciones básicas de su teléfono.
El punto de partida no debería ser la tecnología.
Debería ser la persona y aquello que necesita o quiere conseguir.
Mirar a la persona, pero también al entorno
Imaginemos a una persona mayor que quiere aprender a utilizar una aplicación para pedir una cita médica.
Podríamos pensar:
“Necesita aprender a utilizar la aplicación”.
Pero la intervención puede ir bastante más lejos.
¿Tiene dificultades visuales?
¿Comprende fácilmente las instrucciones?
¿Puede manejar el dispositivo?
¿Tiene suficiente confianza para utilizarlo?
¿Dispone de conexión?
¿La aplicación es accesible?
¿La información está escrita de forma comprensible?
¿Tiene miedo de equivocarse?
¿Existe una alternativa presencial?
¿Cuenta con alguien que pueda apoyarla mientras aprende?
Cada una de estas preguntas puede revelar una barrera diferente.
Por eso, desde Integración Social no basta con observar únicamente aquello que la persona no puede hacer.
También hay que analizar qué está dificultando que pueda hacerlo.
MIRADA DESDE LA INTEGRACIÓN SOCIAL
Una mirada general
La intervención puede orientarse a favorecer la autonomía personal y social, trabajando las habilidades que permitan a la persona desenvolverse mejor en su entorno.
Esto requiere observar capacidades, necesidades, intereses y apoyos.
También requiere respetar los ritmos de aprendizaje.
Una persona que necesita más tiempo no necesariamente necesita que alguien haga las cosas por ella.
Quizá necesite una explicación diferente.
Más práctica.
Más sencilla.
Más repetición.
Más tiempo.
O una combinación de varios apoyos.
Una mirada específica
En el caso de la inclusión digital, el profesional puede trabajar de manera práctica situaciones que la persona encuentra en su vida cotidiana.
Por ejemplo:
- Aprender a utilizar determinadas funciones del teléfono.
- Practicar una videollamada.
- Aprender a buscar información fiable.
- Realizar una gestión digital sencilla.
- Identificar mensajes sospechosos.
- Aprender a utilizar determinados recursos digitales del entorno.
- Practicar hasta conseguir que la persona gane seguridad.
- Identificar cuándo necesita pedir ayuda.
El objetivo no sería conseguir que la persona se convierta en experta en tecnología.
El objetivo sería que pueda utilizar determinadas herramientas para aquello que necesita en su vida.
EL PAPEL DEL INTEGRADOR O INTEGRADORA SOCIAL
Desde una perspectiva general
El profesional puede:
- Detectar necesidades relacionadas con la autonomía y participación.
- Identificar barreras personales y ambientales.
- Diseñar y organizar actuaciones de apoyo.
- Desarrollar actividades dirigidas a adquirir o reforzar habilidades.
- Acompañar procesos de aprendizaje.
- Favorecer la utilización de recursos comunitarios.
- Observar la evolución de la persona.
- Evaluar si los apoyos utilizados están funcionando.
- Coordinarse con otros profesionales cuando sea necesario.
Pero hay algo especialmente importante:
el profesional no debería convertirse en el sustituto permanente de la persona.
El acompañamiento debe intentar generar capacidades y oportunidades, no crear una dependencia innecesaria del propio profesional.
En esta intervención concreta
Si trabajamos con un grupo de personas mayores que tienen dificultades para utilizar determinados servicios digitales, el integrador o integradora social podría analizar previamente qué necesidades existen y diseñar sesiones prácticas relacionadas con situaciones reales.
Por ejemplo, en lugar de una clase genérica sobre “tecnología”, trabajar:
“Hoy aprendemos a realizar una gestión que necesitamos hacer en nuestra vida cotidiana”.
De esta manera, el aprendizaje tiene una finalidad concreta y fácilmente reconocible para la persona.
MINI PROYECTO DE INTEGRACIÓN SOCIAL
“CONÉCTATE CON AUTONOMÍA”
Contexto
Proyecto dirigido a personas mayores que presentan dificultades para utilizar determinados recursos digitales necesarios para su vida cotidiana.
Se desarrollaría en un centro social, asociación, recurso comunitario o espacio de atención social.
El proyecto tendría en cuenta que dentro del grupo puede existir una gran diversidad de situaciones.
No todas las personas tendrán las mismas capacidades, conocimientos, intereses ni necesidades de apoyo.
Necesidades detectadas
- Dificultades para realizar determinadas gestiones digitales.
- Falta de confianza ante el uso de algunas herramientas.
- Necesidad de acompañamiento práctico.
- Dificultades para comprender determinadas instrucciones.
- Riesgo de dependencia de familiares para realizar gestiones.
- Necesidad de desarrollar estrategias básicas de seguridad digital.
Papel del integrador o integradora social
De manera general: favorecer la adquisición de habilidades que permitan una mayor autonomía personal y social.
Dentro del proyecto: identificar qué situaciones digitales generan más dificultades, adaptar las actividades a las capacidades del grupo, acompañar el aprendizaje y evaluar progresivamente si las personas pueden desenvolverse con mayor seguridad.
Objetivo general
Favorecer la autonomía y participación de las personas participantes en situaciones cotidianas que requieren el uso de herramientas digitales.
Objetivos específicos
- Aumentar la confianza en el uso de determinadas herramientas.
- Practicar gestiones digitales relacionadas con situaciones reales.
- Favorecer la comprensión de instrucciones.
- Desarrollar estrategias básicas de seguridad.
- Reducir dependencias innecesarias.
- Potenciar la capacidad de pedir ayuda cuando realmente sea necesaria.
Actividades
1. ¿Para qué utilizo la tecnología?
Cada participante identifica qué herramientas digitales utiliza y cuáles le gustaría aprender.
2. Aprendemos paso a paso
Prácticas sencillas adaptadas a las necesidades detectadas.
3. Lo hacemos juntos
El profesional acompaña mientras la persona realiza la tarea, evitando sustituirla.
4. Ahora lo intento yo
Se repite la actividad dejando progresivamente mayor margen de actuación.
5. ¿Esto es seguro?
Actividades prácticas para reconocer situaciones digitales que pueden resultar sospechosas o inseguras.
6. Mi guía personal
Cada participante puede elaborar una pequeña guía accesible con los pasos de aquellas gestiones que utiliza con mayor frecuencia.
Recursos
- Teléfonos móviles o tabletas.
- Conexión a Internet.
- Materiales visuales.
- Guías elaboradas en lenguaje comprensible.
- Espacio accesible.
- Recursos digitales reales o simulados.
Coordinación
Dependiendo del contexto, puede ser necesaria la coordinación con otros profesionales del recurso, familias cuando corresponda y servicios comunitarios relacionados con las necesidades detectadas.
La coordinación debe respetar siempre la privacidad y las decisiones de la persona.
Evaluación
No evaluaríamos únicamente si la persona “sabe utilizar el móvil”.
Observaríamos aspectos como:
- ¿Necesita menos ayuda que al principio?
- ¿Comprende mejor los pasos?
- ¿Se siente más segura?
- ¿Puede realizar determinadas tareas con mayor autonomía?
- ¿Sabe cuándo necesita pedir apoyo?
- ¿Los materiales utilizados han sido adecuados?
- ¿Es necesario modificar alguna estrategia?
Porque aprender también significa ganar confianza.
¿A QUIÉN PUEDE BENEFICIAR?
Aunque el proyecto parte de las personas mayores, la metodología puede adaptarse a otros colectivos.
Personas con discapacidad.
Personas con dificultades de comprensión.
Personas con escasas competencias digitales.
Personas en situación de vulnerabilidad económica.
Personas migrantes que encuentran barreras lingüísticas o administrativas.
Personas que viven solas.
Y otras personas que, por diferentes circunstancias, necesiten apoyo para desenvolverse en determinados entornos digitales.
Esto nos recuerda algo importante:
una misma herramienta puede generar barreras diferentes en personas diferentes.
¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS COMO SOCIEDAD?
No necesitamos ser profesionales de la intervención social para contribuir a reducir la brecha digital.
Podemos explicar sin ridiculizar.
Podemos tener paciencia.
Podemos preguntar qué necesita la otra persona antes de coger su dispositivo.
Podemos permitir que sea ella quien realice la tarea.
Podemos evitar frases como:
“Esto es muy fácil”.
Porque algo que para nosotros resulta sencillo puede no serlo para otra persona.
También podemos defender que los servicios esenciales mantengan alternativas accesibles y que la digitalización no signifique automáticamente eliminar otras formas de participación.
La inclusión digital no consiste en conseguir que todo el mundo utilice la tecnología de la misma manera.
Consiste en conseguir que la tecnología no se convierta en una barrera para participar.
UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN
La tecnología puede cambiar rápidamente.
Las aplicaciones cambian.
Los dispositivos cambian.
Los trámites cambian.
Pero las personas no deberían quedar obligadas a correr detrás de cada cambio sin apoyos.
Desde la Integración Social también podemos trabajar para que aprender una nueva herramienta no signifique perder autonomía, sino ganar posibilidades.
Porque enseñar a una persona a utilizar una herramienta puede ser útil.
Pero ayudarla a descubrir que puede seguir aprendiendo, decidiendo y participando puede ser todavía más importante.
La tecnología abre puertas cuando podemos utilizarla; la inclusión empieza cuando esas puertas también tienen caminos para quienes necesitan otros apoyos.
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Integración Social VPC es una línea de Viviendo a través de la Parálisis Cerebral que incorpora la perspectiva profesional de la Integración Social para transformar experiencias, preguntas y situaciones sociales en nuevas formas de comprender la intervención y nuestra manera de relacionarnos con las diferentes realidades que forman parte de la sociedad
Viviendo a través de la Parálisis Cerebral
Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.

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