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TRABAJAR EN EQUIPO TAMBIÉN ES INTERVENIR


 La Integración Social dentro de los equipos de intervención

La última publicación de Viviendo a través de la Parálisis Cerebral estaba dedicada a la Educación Social y, especialmente, a poner en valor las diferentes profesiones que forman parte del ámbito de la intervención social.

Hablábamos de educadores y educadoras sociales, trabajadores y trabajadoras sociales, técnicos y técnicas de Integración Social, animadores y animadoras socioculturales, terapeutas ocupacionales, psicólogos y psicólogas y otros perfiles profesionales.

También hablábamos de algo fundamental:

no todas las profesiones hacen lo mismo.

Y precisamente por eso pueden complementarse.

Desde esta línea de Integración Social quiero continuar esa reflexión desde otra perspectiva:

¿qué significa realmente trabajar dentro de un equipo de intervención?

Porque cuando diferentes profesionales trabajan con una misma persona, el objetivo no debería ser que cada uno haga su parte de manera aislada.

El objetivo debería ser conseguir que las diferentes actuaciones tengan sentido para la persona y respondan a sus necesidades reales.

Y para conseguirlo hace falta algo que a veces parece sencillo, pero requiere mucha responsabilidad:

coordinarse.


LA PERSONA NO VIENE DIVIDIDA EN PROFESIONES

Cuando una persona necesita intervención social puede encontrarse con diferentes profesionales.

Una trabajadora social puede ayudarla en determinados aspectos relacionados con recursos y atención social.

Un educador social puede intervenir desde una perspectiva socioeducativa.

Un integrador social puede desarrollar actuaciones relacionadas con la autonomía, el acompañamiento y la participación dentro de sus competencias.

Un terapeuta ocupacional puede intervenir sobre las actividades significativas de la vida cotidiana y la relación entre persona y entorno.

Un psicólogo puede trabajar aspectos relacionados con los procesos psicológicos y el comportamiento dentro de su ámbito profesional.

Pero la persona sigue siendo la misma.

Sus necesidades no aparecen separadas en compartimentos.

Puede necesitar apoyo para varias cuestiones al mismo tiempo.

Por eso el trabajo en equipo adquiere tanta importancia.

No se trata de que todos hagan lo mismo.

Se trata de que cada profesional aporte aquello que corresponde a su formación y competencias y que esas aportaciones puedan conectarse.


¿QUÉ SIGNIFICA COORDINARSE?

Coordinarse no significa simplemente reunirse.

Tampoco significa intercambiar información sin un objetivo concreto.

Una buena coordinación implica compartir la información necesaria, establecer objetivos comunes cuando corresponda, distribuir responsabilidades, revisar la evolución y modificar las actuaciones cuando sea necesario.

Siempre respetando la privacidad, la confidencialidad y los límites profesionales.

Imaginemos una persona que quiere aumentar su participación en actividades de su comunidad.

Podemos pensar que simplemente necesita “salir más”.

Pero una intervención profesional debería preguntarse:

¿Por qué no participa actualmente?

¿Existen barreras físicas?

¿Tiene dificultades para desplazarse?

¿Le cuesta relacionarse?

¿No conoce los recursos de su entorno?

¿Tiene miedo de acudir sola?

¿Necesita algún apoyo concreto?

¿La actividad está realmente adaptada?

¿La persona quiere participar en esa actividad o somos nosotros quienes creemos que debería hacerlo?

Cada respuesta puede requerir una actuación diferente.

Y ahí es donde la coordinación permite construir una intervención más completa.


MIRADA DESDE LA INTEGRACIÓN SOCIAL

Una mirada general

Dentro de sus competencias, el integrador o integradora social puede programar, organizar, desarrollar y evaluar intervenciones dirigidas a favorecer la autonomía, la integración y la participación de personas y colectivos.

Pero para que esa intervención tenga sentido, necesita conocer el contexto en el que se desarrolla.

La persona no vive dentro de un proyecto.

Vive dentro de una familia, una comunidad, un barrio, un centro educativo, un entorno laboral, un grupo de amistades y una sociedad.

Por eso la intervención no debería quedarse únicamente en lo que ocurre durante la actividad.

Debe preguntarse si aquello que trabajamos puede tener utilidad en la vida cotidiana.

Una mirada específica

En un equipo interdisciplinar, el integrador o integradora social puede aportar especialmente el conocimiento cercano de cómo la persona se desenvuelve en determinadas situaciones cotidianas y sociales dentro del recurso o proyecto en el que interviene.

Puede observar qué habilidades está desarrollando.

Qué apoyos necesita.

Qué dificultades aparecen durante la participación.

Qué estrategias funcionan.

Qué barreras existen.

Y puede trasladar esta información al equipo dentro de los límites de sus competencias y respetando la confidencialidad.

De esta manera, la información procedente de la intervención cotidiana puede ayudar a ajustar el proyecto.


EL PAPEL DEL INTEGRADOR O INTEGRADORA SOCIAL EN UN EQUIPO

Antes de intervenir

Participar en la recogida de información que corresponda a su ámbito profesional.

Identificar necesidades relacionadas con la intervención.

Conocer los objetivos establecidos.

Aportar información sobre las capacidades y dificultades observadas en el contexto de su actuación.

Durante la intervención

Desarrollar las actuaciones programadas.

Acompañar a las personas participantes.

Facilitar apoyos.

Trabajar habilidades de autonomía personal y social.

Favorecer la participación.

Observar la evolución.

Registrar la información necesaria.

Detectar nuevas necesidades o dificultades.

Después de la intervención

Evaluar los resultados de las actuaciones.

Compartir con el equipo la información pertinente.

Proponer ajustes dentro de sus competencias.

Valorar qué apoyos están funcionando.

Y contribuir a modificar aquello que no está dando los resultados esperados.

Esto demuestra que el trabajo del integrador o integradora social no se limita a “estar con las personas”.

Existe una intervención planificada detrás.


MINI PROYECTO DE INTEGRACIÓN SOCIAL

“MI COMUNIDAD, MI PARTICIPACIÓN”

Contexto

Proyecto dirigido a personas con discapacidad que desean aumentar su participación en actividades de su entorno comunitario.

Puede desarrollarse desde una asociación, centro de atención, recurso comunitario o servicio especializado.

La finalidad no sería llenar el tiempo libre de las personas.

Sería favorecer que puedan participar en actividades comunitarias que realmente tengan significado para ellas.

Y aquí existe una diferencia importante.

No preguntaremos únicamente:

“¿En qué actividad podemos incluir a esta persona?”

Preguntaremos:

“¿En qué quiere participar esta persona y qué necesita para poder hacerlo?”

Necesidades

Las necesidades pueden ser diferentes en cada persona:

  • Conocer los recursos existentes.
  • Desarrollar habilidades para desplazarse por el entorno.
  • Mejorar determinadas habilidades sociales.
  • Necesitar apoyo para iniciar una actividad.
  • Superar inseguridades.
  • Adaptar una actividad.
  • Facilitar la comunicación.
  • Identificar barreras del entorno.
  • Conocer qué apoyos están disponibles.

No se presupone que todas las personas necesitan lo mismo.


PAPEL DEL INTEGRADOR O INTEGRADORA SOCIAL

General

Favorecer la autonomía personal y social y facilitar la participación de la persona en su entorno, desarrollando actuaciones ajustadas a sus necesidades y capacidades.

Específico en el proyecto

El profesional puede acompañar a la persona en el proceso de identificar actividades de su interés, conocer los recursos comunitarios, detectar barreras, practicar determinadas habilidades necesarias para participar y reducir progresivamente los apoyos cuando sea posible.

Pero hay un elemento fundamental:

la decisión sobre dónde quiere participar pertenece a la persona.

El profesional puede ofrecer posibilidades.

No decidir qué debe gustarle.


OBJETIVO GENERAL

Favorecer la participación activa de personas con discapacidad en recursos y actividades significativas de su comunidad.

Objetivos específicos

  • Identificar intereses personales.
  • Conocer recursos comunitarios.
  • Detectar barreras para la participación.
  • Trabajar habilidades necesarias para determinadas situaciones.
  • Favorecer la toma de decisiones.
  • Potenciar la autonomía.
  • Facilitar el establecimiento de relaciones sociales.
  • Evaluar los apoyos necesarios.


ACTIVIDADES

1. “¿Qué quiero hacer?”

Cada persona identifica actividades que realmente le interesan.

Cultura.

Deporte.

Ocio.

Formación.

Participación asociativa.

Actividades comunitarias.

Voluntariado.

O cualquier otra opción significativa para ella.

2. “Mi mapa de recursos”

Se identifican recursos existentes en el entorno relacionados con esos intereses.

3. “¿Qué barreras encuentro?”

Se analiza qué puede dificultar la participación.

La barrera puede estar en la persona, pero también en el entorno, en la información, en el transporte, en la accesibilidad, en las actitudes o en la propia organización de la actividad.

4. “¿Qué necesito para participar?”

Se concretan los apoyos necesarios.

5. “Lo hacemos juntos”

Se realiza un primer acercamiento a la actividad con los apoyos necesarios.

6. “Ahora decido yo”

Se revisa qué apoyos siguen siendo necesarios y cuáles pueden reducirse.

La finalidad no es retirar apoyos automáticamente.

Es ajustar los apoyos a las necesidades reales de la persona.


COORDINACIÓN PROFESIONAL

En un proyecto de estas características pueden participar diferentes perfiles profesionales.

Por ejemplo, dependiendo del caso:

Trabajo Social.

Educación Social.

Integración Social.

Terapia Ocupacional.

Psicología.

Otros profesionales del recurso o de la comunidad.

Pero cada profesional tendría que aportar aquello que corresponde a su ámbito.

Por ejemplo, si se detecta una barrera relacionada con la accesibilidad física de una actividad, puede ser necesario contar con profesionales que puedan valorar específicamente esa cuestión.

Si aparecen necesidades relacionadas con recursos sociales, puede intervenir Trabajo Social.

Si se requiere una intervención socioeducativa concreta, puede participar Educación Social.

Si se necesitan actuaciones relacionadas con autonomía, habilidades y participación desde las competencias propias de Integración Social, el integrador o integradora social puede desarrollar esa intervención.

Y cuando existan necesidades relacionadas con las actividades de la vida cotidiana y la adaptación del entorno, puede resultar necesaria la intervención de Terapia Ocupacional.

La coordinación permite que estas perspectivas no funcionen como piezas aisladas.


TEMPORALIZACIÓN

El proyecto podría organizarse en diferentes fases:

Fase 1. Conocimiento de la persona.

Intereses, capacidades, necesidades y objetivos.

Fase 2. Análisis del entorno.

Recursos disponibles y posibles barreras.

Fase 3. Preparación.

Desarrollo de habilidades y apoyos necesarios.

Fase 4. Participación.

Acercamiento progresivo a la actividad elegida.

Fase 5. Evaluación.

Revisión de resultados y ajuste de apoyos.

La duración dependería de las necesidades de cada persona.


EVALUACIÓN

La evaluación debería preguntarse algo más que si la persona ha acudido a una actividad.

Podríamos valorar:

¿La actividad realmente respondía a sus intereses?

¿Ha podido tomar decisiones?

¿Ha aumentado su participación?

¿Qué apoyos ha necesitado?

¿Alguno de esos apoyos puede modificarse?

¿La actividad era realmente accesible?

¿Se han producido nuevas relaciones sociales?

¿La persona se siente cómoda?

¿Quiere continuar?

Y quizá una de las preguntas más importantes:

¿Estamos facilitando la participación que la persona quiere o estamos intentando que participe en aquello que nosotros consideramos adecuado?


PERSONA, ENTORNO Y SOCIEDAD

Una intervención centrada en la participación no puede mirar únicamente a la persona.

Persona

Sus intereses.

Sus capacidades.

Sus necesidades.

Sus decisiones.

Sus apoyos.

Entorno

Los recursos existentes.

La accesibilidad.

El transporte.

La información.

Las actitudes de otras personas.

La organización de las actividades.

Sociedad

Los prejuicios.

Las oportunidades reales de participación.

La manera en que se diseñan los espacios comunitarios.

La posibilidad de que las personas con discapacidad sean participantes y no únicamente receptoras de actividades.

Porque si una persona necesita apoyo para participar, no siempre tenemos que preguntarnos:

“¿Cómo hacemos para que pueda adaptarse?”

A veces debemos preguntar:

“¿Qué podemos modificar en el entorno para que pueda participar?”


¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS COMO SOCIEDAD?

Los profesionales tienen una responsabilidad dentro de su trabajo.

Pero la inclusión comunitaria no puede depender únicamente de ellos.

Las asociaciones, comercios, centros culturales, espacios deportivos, entidades, barrios y comunidades también pueden abrir oportunidades.

Podemos crear actividades accesibles.

Podemos proporcionar información comprensible.

Podemos preguntar qué apoyos necesita una persona.

Podemos dejar de asumir que una persona con discapacidad no quiere participar simplemente porque no está participando.

Podemos evitar decidir por ella.

Podemos facilitar que tenga voz.

Y podemos entender que participar no significa solamente estar físicamente presente.

Participar significa poder formar parte.

Opinar.

Decidir.

Relacionarse.

Elegir.

Aportar.

Y sentirse parte del lugar en el que se vive.


CUANDO EL EQUIPO FUNCIONA, LA PERSONA NO TIENE QUE REPETIRSE CONSTANTEMENTE

Hay una consecuencia muy importante de una buena coordinación.

La persona no debería tener que explicar continuamente su vida desde cero a cada profesional.

Cuando existe una intervención coordinada y respetuosa, la información necesaria puede compartirse de manera adecuada dentro del equipo, evitando duplicidades y favoreciendo una atención más coherente.

Pero coordinarse también significa saber qué información no corresponde compartir.

La confidencialidad y el respeto a la privacidad forman parte de una intervención profesional responsable.

Por eso, trabajar en equipo no significa contarlo todo.

Significa compartir lo necesario para intervenir correctamente, dentro de las competencias y normas correspondientes.


NO SE TRATA DE HACER MÁS, SINO DE HACERLO CON SENTIDO

En intervención social puede existir la tentación de medir el trabajo por la cantidad de actividades realizadas.

Más talleres.

Más sesiones.

Más participantes.

Más actividades.

Pero una intervención no se convierte automáticamente en mejor porque tenga más actividades.

Una actuación puede ser muy sencilla y tener un gran significado si responde a una necesidad real.

Por eso planificar también significa aprender a preguntarnos:

¿Para qué hacemos esto?

¿A quién beneficia?

¿Qué queremos conseguir?

¿Es realmente necesario?

¿Estamos respetando las decisiones de la persona?

¿Está funcionando?

Y si la respuesta es que algo no funciona, también forma parte del trabajo profesional reconocerlo y cambiarlo.


UNA INTERVENCIÓN SOCIAL CENTRADA EN PERSONAS

La Integración Social no puede reducirse a realizar actividades con determinados colectivos.

Detrás de cada intervención hay una persona concreta.

Con una historia concreta.

Con unas capacidades concretas.

Con unas necesidades concretas.

Y también con deseos y decisiones propias.

Por eso una intervención profesional debe intentar encontrar un equilibrio entre acompañar, apoyar y respetar.

A veces será necesario enseñar.

Otras veces acompañar.

Otras facilitar.

Otras adaptar.

Otras coordinar.

Y en determinados momentos, quizá lo más importante sea escuchar.

Porque trabajar en Integración Social no significa tener siempre la respuesta.

También significa saber cuándo necesitamos escuchar a la persona, cuándo necesitamos consultar al equipo y cuándo necesitamos recurrir a otro profesional.


¿QUÉ NOS ENSEÑA TODO ESTO?

Que la intervención social no funciona como una colección de profesiones independientes.

Funciona mejor cuando cada profesional conoce sus competencias, asume sus responsabilidades y comprende el valor de las aportaciones de los demás.

La coordinación no elimina las diferencias entre profesiones.

Las pone en relación.

Y cuando esa relación funciona, la persona deja de ser el lugar donde se encuentran los problemas de cada profesional para convertirse realmente en el centro de una intervención conjunta.

Porque no se trata de que cada profesional tenga su propio protagonismo.

Se trata de que la persona tenga más oportunidades.

Más autonomía.

Más participación.

Más apoyos cuando los necesite.

Y más capacidad para decidir sobre su propia vida.

Un buen equipo no es aquel en el que todos hacen lo mismo; es aquel en el que cada profesional aporta lo que sabe para que la persona pueda avanzar en aquello que realmente importa para ella.

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Integración Social VPC es una línea de Viviendo a través de la Parálisis Cerebral que incorpora la perspectiva profesional de la Integración Social para transformar experiencias, preguntas y situaciones sociales en nuevas formas de comprender la intervención y nuestra manera de relacionarnos con las diferentes realidades que forman parte de la sociedad

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Viviendo a través de la Parálisis Cerebral

Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.

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