El Día Internacional de la Mujer siempre me obliga de una forma suave, pero inevitable a detenerme. A parar un instante en medio del ruido, del ritmo acelerado de los días, y escuchar algo que muchas veces queda enterrado bajo las prisas: mi propia voz. No es solo una fecha en el calendario; es, más bien, una pausa necesaria, un pequeño acto de honestidad conmigo misma, un momento para mirar el camino recorrido y reconocer a la mujer que soy hoy, pero también a todas las versiones de mí misma que me trajeron hasta aquí. Hoy me celebro. Celebro a la mujer que soy, con mis luces y mis sombras, con mis dudas y mis certezas. Celebro mis cicatrices , porque cada una guarda una historia: una historia de resistencia, de aprendizaje y de transformación . Celebro también cada miedo que enfrenté y cada paso que di cuando el camino no estaba claro, porque avanzar no siempre significa tener todas las respuestas, a veces, avanzar es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo...