A veces pienso en cómo damos por hecho que todas las personas percibimos, aprendemos y entendemos el mundo de una forma parecida. Como si hubiera una única manera “correcta” de hacerlo. Como si todas las mentes funcionaran con el mismo patrón. Pero la realidad es otra muy distinta. No hay una sola forma de pensar. Ni una sola forma de aprender. Ni una sola forma de estar en el mundo. Cada cerebro procesa la información de manera diferente, interpreta lo que ocurre de forma distinta y se relaciona con el entorno desde experiencias únicas. Y eso no es un fallo del sistema. Es parte de la diversidad humana. A esto lo llamamos neurodiversidad. Un concepto que nos ayuda a entender que no existe un único modelo válido de funcionamiento mental, sino múltiples formas de percibir la realidad. El término empezó a tomar fuerza en los años 90, impulsado por la socióloga australiana Judy Singer, que propuso una forma diferente de entender algunas condiciones del neurodesarrollo. En lugar de ve...