Cada 23 de abril, el Día del Libro suele llenarse de recomendaciones literarias, listas de lecturas pendientes, autores favoritos y frases sobre cómo los libros pueden cambiar vidas. Y sinceramente, me parece una forma preciosa de celebrarlo. Los libros tienen una capacidad única para acompañarnos en momentos concretos: a veces llegan justo cuando necesitamos respuestas, otras veces nos ayudan a poner nombre a emociones que no sabíamos explicar y, en muchas ocasiones, simplemente nos hacen sentir menos solas al descubrir que alguien, en algún lugar, vivió algo parecido a lo que estamos sintiendo. A mí también me ha pasado. Hay libros que llegaron en etapas muy específicas de mi vida y dejaron reflexiones que todavía me acompañan. Frases subrayadas que sigo recordando años después, historias que me hicieron replantearme ideas que daba por sentadas y lecturas que, sin exagerar, cambiaron pequeñas partes de mí. Pero este año quiero vivir el Día del Libro desde un lugar diferente: no...