Hablar de Alzheimer suele llevarnos directamente a pensar en la memoria.
En aquello que una persona recuerda y en aquello que, poco a poco, puede empezar a olvidar.
Un nombre.
Una fecha.
Una conversación.
Un lugar.
Una historia que hemos escuchado muchas veces.
Y quizá por eso, cuando pensamos en el Alzheimer, tendemos a pensar en todo aquello que desaparece.
Pero creo que hay otra pregunta que merece la pena hacerse.
¿Qué permanece cuando los recuerdos empiezan a cambiar?
Porque una persona no está hecha únicamente de recuerdos.
También está hecha de todo lo que ha vivido, de las personas que ha querido, de las cosas que le han gustado, de las experiencias que ha compartido y de la huella que ha dejado en quienes forman parte de su vida.
Hay recuerdos que pueden hacerse más difíciles de encontrar.
Pero eso no significa que desaparezca todo lo que existe alrededor de ellos.
Una canción puede seguir despertando algo.
Una fotografía puede provocar una emoción.
Una voz conocida puede transmitir tranquilidad.
Un lugar puede resultar familiar aunque no sepamos explicar por qué.
Un gesto de cariño puede seguir teniendo significado.
Y quizá ahí encontremos una de las partes más humanas de esta enfermedad.
“Los recuerdos se desvanecen, pero el amor y el apoyo permanecen porque el corazón no olvida”.
El Alzheimer también puede cambiar la manera en la que una persona se relaciona con quienes tiene alrededor.
Y en esos momentos nuestra forma de estar con ella adquiere una importancia especial.
Podemos sentirnos frustrados cuando vuelve a hacer la misma pregunta.
Podemos tener la tentación de corregirla cuando confunde un nombre o una fecha.
Podemos pensar que ya no merece la pena contarle determinadas cosas porque quizá no las recuerde.
Pero quizá no todo tenga que ver con recordar.
Quizá también tenga que ver con vivir el momento.
Con compartir una conversación aunque después no pueda recordarse.
Con escuchar una canción aunque mañana vuelva a parecer nueva.
Con mirar una fotografía aunque no pueda identificar a todas las personas que aparecen en ella.
Con salir a pasear.
Con reírse.
Con sentirse acompañado.
Porque si nosotros medimos cada momento únicamente por cuánto tiempo permanecerá en la memoria, podemos olvidarnos de algo importante:
ese momento está ocurriendo ahora.
Y también existe otra parte de esta realidad que merece nuestra atención.
Las familias y las personas cuidadoras también van viviendo un proceso lleno de cambios.
A veces tienen que aprender a relacionarse con alguien que sigue siendo la misma persona que quieren, pero que empieza a necesitar otra manera de comunicarse, de organizar el día o de afrontar determinadas situaciones.
Y eso tampoco es sencillo.
Por eso, hablar de Alzheimer también debería permitirnos hablar de paciencia, de comprensión y de la importancia de no atravesar estos procesos en soledad.
Pero quizá, por encima de todo, deberíamos intentar que la enfermedad no termine ocupando todo el espacio.
Porque una persona con Alzheimer sigue siendo mucho más que su diagnóstico.
Sigue siendo madre, padre, hermana, hermano, pareja, amiga, amigo, abuela, abuelo.
Sigue teniendo una historia.
Y forma parte de otras historias.
Por eso, quizá no se trate de intentar recuperar cada recuerdo que se pierde.
Quizá se trate también de seguir construyendo momentos que tengan sentido en el presente.
Una conversación.
Una canción.
Una comida compartida.
Un paseo.
Una fotografía.
Una tarde juntos.
Pequeñas cosas que quizá no podamos guardar para siempre en la memoria, pero que sí podemos vivir juntos.
Y esto me lleva a una pregunta que creo que merece quedarse con nosotros:
¿Qué hacemos nosotros cuando una persona empieza a olvidar partes de su historia?
¿Intentamos recordárselas constantemente?
¿Nos alejamos porque ya no sabemos cómo relacionarnos?
¿O seguimos creando con ella nuevos momentos, aunque sepamos que quizá algún día no pueda recordarlos?
No podemos decidir qué recuerdos permanecerán.
Pero sí podemos decidir cómo acompañamos a la persona mientras esos recuerdos cambian.
Podemos seguir hablando con ella.
Seguir escuchándola.
Seguir compartiendo.
Seguir riendo.
Seguir estando.
Porque quizá recordar no sea solamente conservar algo en la memoria.
Quizá también sea seguir dejando huellas en los demás.
Y esas huellas, de alguna manera, permanecen.
💜 21 de septiembre · Día Mundial del Alzheimer
Viviendo a través de la Parálisis Cerebral
Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.
Comentarios
Publicar un comentario