Septiembre tiene una manera particular de anunciar que algo cambia.
Las calles recuperan movimiento, vuelven determinadas rutinas, comienzan cursos y actividades y muchas personas reorganizan sus días después del verano.
Para algunas será un regreso.
Para otras, el comienzo de algo que llevaban tiempo esperando.
Y para otras, septiembre llegará sin grandes cambios.
Todas esas formas de vivir un mismo mes son válidas.
Porque detrás de cada calendario hay una historia diferente. Y no todas las personas se encuentran en el mismo punto de su camino cuando llega una fecha que, socialmente, asociamos con empezar de nuevo.
Quizá por eso septiembre pueda ser algo más que el mes de la vuelta a la rutina.
Puede ser una puerta abierta a nuevas posibilidades.
Empezar no significa lo mismo para todo el mundo
Hay comienzos que podemos reconocer fácilmente.
El primer día de clase.
Un nuevo empleo.
Una mudanza.
El inicio de una actividad.
Un proyecto que comienza.
Pero existen otros que no aparecen señalados en ningún calendario.
Una persona puede decidir retomar sus estudios después de años.
Otra puede comenzar una nueva vida tras migrar a otro país.
Alguien puede incorporarse al mercado laboral después de un periodo de desempleo.
Una persona mayor puede descubrir una afición que nunca había tenido oportunidad de explorar.
Alguien puede comenzar a vivir de manera diferente después de una separación, un duelo o un cambio importante en su vida.
Y una persona con discapacidad puede encontrar, después de mucho tiempo, los apoyos y las condiciones que le permitan desarrollar una actividad que antes no podía realizar.
Son realidades diferentes.
No necesitan compararse para tener algo en común: todas muestran que la vida puede abrir nuevas etapas en momentos inesperados.
No existe un calendario universal para la vida
A menudo asociamos determinadas edades con determinados acontecimientos.
Estudiar.
Trabajar.
Independizarse.
Formar una familia.
Cambiar de profesión.
Jubilarse.
Sin embargo, las circunstancias personales hacen que cada trayectoria sea diferente.
Las dificultades económicas pueden retrasar una emancipación. Las responsabilidades familiares pueden modificar una trayectoria profesional. Una migración puede obligar a reconstruir muchos aspectos de la vida desde otro lugar. Una discapacidad puede requerir apoyos específicos para acceder a oportunidades que otras personas encuentran disponibles de manera más sencilla.
No se trata de establecer quién llega antes o después.
Se trata de comprender que las circunstancias también forman parte del camino.
El sociólogo Zygmunt Bauman reflexionó ampliamente sobre una sociedad caracterizada por el cambio y la incertidumbre. Aunque sus planteamientos abarcan muchas dimensiones de la vida contemporánea, su pensamiento nos permite recordar algo especialmente presente en nuestros tiempos: vivimos en contextos que cambian y nos obligan, en diferentes momentos, a reajustar nuestras decisiones.
No existe un único calendario capaz de ordenar todas esas trayectorias.
Una oportunidad necesita poder convertirse en realidad
Tener delante una posibilidad no significa necesariamente poder aprovecharla.
Una formación puede existir, pero ser inaccesible para una persona con determinadas necesidades.
Puede haber un puesto de trabajo, pero faltar transporte adecuado para llegar hasta él.
Puede existir una actividad cultural, pero no contar con accesibilidad.
Puede haber recursos disponibles para una persona recién llegada a un país, pero resultar difíciles de localizar o comprender.
Por eso, cuando hablamos de oportunidades, conviene mirar más allá de su existencia.
También debemos preguntarnos quién puede acceder realmente a ellas.
La inclusión comienza cuando las posibilidades dejan de ser únicamente teóricas y se convierten en opciones reales para personas con circunstancias diversas.
Los apoyos pueden cambiar lo que es posible
A veces se habla de esfuerzo individual como si fuera suficiente para superar cualquier obstáculo.
Pero las personas no vivimos aisladas.
Contamos con familias, amistades, profesionales, comunidades, servicios, herramientas y recursos que pueden facilitar determinados procesos.
Para algunas personas, esos apoyos serán fundamentales.
Una persona con discapacidad puede necesitarlos para estudiar, trabajar o participar en una actividad.
Una persona mayor puede necesitarlos para mantener su autonomía.
Una familia puede necesitarlos durante una etapa de dificultad.
Una persona migrante puede necesitarlos para orientarse dentro de un sistema que todavía desconoce.
Pedir o recibir apoyo no elimina la autonomía.
En muchas ocasiones, es precisamente lo que permite ejercerla.
También podemos descubrir algo nuevo sobre nosotros mismos
Los comienzos nos colocan ante experiencias que todavía no dominamos.
Aprender un idioma.
Utilizar una herramienta.
Participar en una actividad.
Hablar delante de otras personas.
Desarrollar una habilidad.
Emprender un proyecto.
Al principio puede existir inseguridad porque todavía no sabemos cómo responderemos ante esa situación.
Sin embargo, la experiencia puede mostrarnos capacidades que permanecían sin explorar.
No siempre sabemos de lo que somos capaces antes de tener la oportunidad de intentarlo.
Por eso, algunas posibilidades no solo cambian lo que hacemos.
También pueden cambiar la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Cambiar de camino no borra el recorrido
Hay decisiones que funcionan durante una etapa y dejan de hacerlo después.
Una profesión puede dejar de encajar.
Un proyecto puede necesitar otra dirección.
Una relación puede terminar.
Una persona puede descubrir que sus prioridades han cambiado.
Replantearse el camino no significa negar lo vivido.
Lo anterior continúa formando parte de nuestra experiencia y puede proporcionar conocimientos que resulten útiles para lo que viene después.
A veces necesitamos mirar atrás no para regresar, sino para comprender desde dónde estamos tomando la siguiente decisión.
Hay primeros pasos que no necesitan espectadores
Algunos comienzos son públicos.
Otros pertenecen exclusivamente a quien los vive.
Empezar a pedir ayuda.
Aprender a poner límites.
Recuperar una confianza que se había perdido.
Atreverse a participar.
Aceptar una nueva situación.
Volver a hacer algo que nos hacía disfrutar.
Desde fuera pueden parecer cambios pequeños.
Para la persona que los realiza pueden representar un paso enorme.
No todo avance necesita ser visible, celebrado o compartido.
Hay procesos personales cuyo valor no depende de que los demás puedan reconocerlos.
No todo lo nuevo tiene que ser extraordinario
Cuando hablamos de aprovechar una nueva etapa solemos imaginar grandes proyectos y grandes cambios.
Pero también existe otra forma de vivirla.
Descubrir una cafetería nueva.
Volver a pintar.
Leer un libro.
Aprender una receta.
Escuchar música.
Visitar un lugar cercano.
Compartir una tarde con alguien.
Retomar una afición.
Probar una actividad por primera vez.
La novedad no siempre necesita transformar nuestra vida para tener significado.
A veces simplemente introduce algo diferente en nuestra rutina y nos recuerda que todavía podemos descubrir.
La ilusión también forma parte de la vida
Hablar de nuevos comienzos desde una perspectiva social no significa reducirlos a necesidades, dificultades o barreras.
También existe un componente esencial que a menudo olvidamos: la ilusión.
Ilusionarnos con un proyecto.
Esperar un encuentro.
Preparar un viaje.
Empezar una formación.
Crear algo.
Volver a una actividad que nos gusta.
Imaginar cómo queremos que sea una nueva etapa.
La ilusión no garantiza que todo salga bien.
Pero puede convertirse en una fuerza que nos impulsa a explorar posibilidades.
Y también merece un lugar cuando hablamos de una vida plena.
No todos los comienzos necesitan convertirse en objetivos
Una nueva etapa no tiene por qué estar acompañada de una lista de metas.
Podemos querer aprender algo sin convertirlo en una obligación.
Podemos comenzar una actividad sin esperar resultados.
Podemos reservar tiempo para las personas que queremos.
Podemos descansar.
Podemos disfrutar.
Podemos hacer algo simplemente porque nos apetece.
Vivimos en una cultura que con frecuencia mide el tiempo por aquello que producimos o conseguimos.
Pero una vida significativa también contiene momentos que no necesitan ser productivos para tener valor.
Los últimos meses del año todavía están por vivir
Septiembre puede hacernos pensar en todo aquello que todavía no hemos hecho durante el año.
Pero mirar únicamente hacia atrás puede hacernos olvidar algo importante:
los próximos meses todavía no han sucedido.
Todavía existen conversaciones que no hemos tenido.
Lugares que no conocemos.
Personas que quizá encontremos.
Ideas que todavía no hemos pensado.
Experiencias que aún no forman parte de nuestros recuerdos.
No sabemos qué terminará siendo importante cuando llegue diciembre.
Por eso, estos meses no deberían contemplarse solamente como una cuenta atrás.
Son parte del presente.
Una puerta abierta no obliga a entrar
Quizá esta sea una de las ideas más importantes cuando hablamos de oportunidades.
Tener una posibilidad delante no significa que tengamos que elegirla.
Podemos observarla.
Pensarla.
Preguntarnos si encaja con nosotros.
Valorar qué necesitamos.
Y decidir.
La libertad no está únicamente en poder acceder a diferentes caminos.
También está en poder escoger cuál queremos recorrer.
Por eso, abrir una puerta no significa atravesarla obligatoriamente.
Significa saber que existe la posibilidad de hacerlo.
¿Cómo queremos afrontar esta nueva etapa?
Septiembre puede convertirse en un momento para hacernos algunas preguntas.
No para examinarnos.
No para comprobar si hemos cumplido aquello que esperábamos.
Sino para mirar nuestra propia vida con algo más de atención.
¿Qué queremos descubrir?
¿Qué proyecto nos gustaría intentar?
¿Qué experiencia llevamos tiempo imaginando?
¿Hay algo que necesitamos para poder hacerlo realidad?
¿Existe alguna barrera que deberíamos poder superar con los apoyos adecuados?
¿Queremos continuar por el camino que llevamos o necesitamos cambiar de dirección?
¿Dónde queremos reservar espacio para disfrutar?
Cada persona encontrará respuestas diferentes.
Y probablemente también cambien con el tiempo.
Una reflexión para septiembre
Los nuevos comienzos no pertenecen únicamente a quienes pueden permitirse cambiar de vida.
Pertenecen también a quienes necesitan una oportunidad, un apoyo, una adaptación, una segunda posibilidad o simplemente un espacio para descubrir qué quieren hacer a continuación.
Por eso, hablar de comienzos también significa hablar de inclusión.
Porque una sociedad que reconoce la diversidad de las personas debe aceptar que no todas parten del mismo lugar, no todas necesitan lo mismo y no todas llegarán al mismo destino.
Lo importante no es que recorramos caminos idénticos.
Es que podamos participar en las decisiones sobre nuestra propia vida y encontrar las condiciones necesarias para recorrer nuestro camino.
Septiembre no puede decirnos qué va a suceder.
Pero puede recordarnos que todavía hay posibilidades que no conocemos.
Nuevos proyectos que aún no existen.
Experiencias que todavía no hemos vivido.
Personas que todavía no hemos encontrado.
Decisiones que aún no hemos tomado.
Y momentos felices que todavía no sabemos que llegarán.
«No todos comenzamos desde el mismo lugar, pero todos merecemos la posibilidad de decidir hacia dónde queremos caminar.»
Quizá la pregunta no sea qué deberíamos conseguir antes de que termine el año.
Quizá sea otra:
¿Qué queremos hacer con todo lo que todavía está por vivir?
Septiembre ya ha abierto la puerta.
Ahora cada persona puede decidir qué significa para ella cruzarla.
Viviendo a través de la Parálisis Cerebral
Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.

Comentarios
Publicar un comentario