La película Wonder nos presenta la historia de Auggie, un niño con una diferencia facial que comienza una nueva etapa en un centro educativo. A través de su historia podemos observar situaciones relacionadas con la aceptación, las relaciones entre iguales, el rechazo, el acoso, la familia y la inclusión.
Pero Wonder también puede analizarse desde otra perspectiva: la de la Integración Social.
Porque cuando hablamos de inclusión no solamente debemos preguntarnos qué le ocurre a la persona que está siendo excluida. También debemos observar qué está ocurriendo a su alrededor, qué barreras existen y qué podemos hacer para transformar ese entorno.
Estar no significa necesariamente estar incluido
Auggie consigue acceder al colegio, pero eso no significa que desde el primer momento se sienta parte del grupo.
Y esta diferencia es importante.
Una persona puede estar físicamente presente en un aula, en una actividad, en un grupo de amigos o en cualquier otro espacio social y, sin embargo, sentirse aislada, ignorada o apartada.
Por eso, desde la Integración Social, la inclusión no debería entenderse únicamente como permitir que una persona esté.
También implica favorecer que pueda participar, relacionarse, tomar decisiones y sentirse parte del grupo.
La mirada de los demás también puede convertirse en una barrera
En Wonder vemos cómo la diferencia de Auggie provoca determinadas reacciones en otras personas.
Algunas nacen del desconocimiento. Otras, de los prejuicios. También aparecen el miedo, la curiosidad mal gestionada, las burlas y la presión del grupo.
Esto nos recuerda algo fundamental:
Las dificultades de una persona no siempre están únicamente en sus características individuales. Muchas veces también están en la respuesta que recibe de su entorno.
Por eso, intervenir sobre una situación de exclusión significa trabajar también con ese entorno.
No se trata solamente de enseñar a una persona a enfrentarse al rechazo.
También debemos preguntarnos:
¿Qué estamos haciendo para que ese rechazo deje de producirse?
El acoso no es solamente un problema entre dos personas
Cuando aparece una situación de acoso, es fácil centrar toda la atención en quien agrede y en quien recibe la agresión.
Sin embargo, existe todo un contexto alrededor.
Están quienes observan y no intervienen.
Quienes se ríen para sentirse parte del grupo.
Quienes saben lo que está ocurriendo pero prefieren permanecer al margen.
Y también están las familias, los profesionales y las instituciones educativas.
Por eso, la intervención social necesita una mirada amplia.
No basta con actuar cuando el conflicto ya se ha producido. También es necesario prevenir, observar las relaciones, detectar señales de exclusión y trabajar la convivencia antes de que determinadas conductas se normalicen.
¿Cómo podemos hacer frente al bullying?
La prevención y la intervención ante el bullying requieren la implicación de diferentes agentes. Cada uno tiene unas funciones concretas, pero todos deben trabajar hacia un mismo objetivo: proteger a la persona afectada y transformar las dinámicas que permiten que el acoso continúe.
Desde la Integración Social
El/la integrador/a social puede desempeñar un papel importante tanto en la prevención como en la detección y el acompañamiento.
Entre sus actuaciones pueden encontrarse:
- Observar las dinámicas del grupo y detectar situaciones de aislamiento o rechazo.
- Identificar cambios de comportamiento que puedan indicar que algo está ocurriendo.
- Crear espacios seguros donde la persona pueda expresarse.
- Escuchar sin juzgar, minimizar ni cuestionar lo que está viviendo.
- Trabajar habilidades sociales y estrategias de convivencia.
- Favorecer la participación y las relaciones entre iguales.
- Trabajar con el grupo el respeto a la diversidad.
- Detectar y abordar dinámicas que puedan favorecer la exclusión.
- Coordinarse con el equipo educativo y la familia.
- Realizar un seguimiento de la situación.
Y existe una cuestión especialmente importante:
La intervención no debe centrarse únicamente en la persona que sufre el acoso.
También hay que trabajar con el grupo y con el entorno.
Desde el profesorado
El profesorado ocupa una posición fundamental en la prevención y detección del bullying, porque mantiene un contacto cotidiano con el alumnado y puede observar las relaciones que se producen dentro del aula y otros espacios educativos.
Ante una posible situación de acoso, puede:
- Prestar atención a cambios de comportamiento y señales de alerta.
- Escuchar al alumno o alumna en un espacio seguro y privado.
- No minimizar las burlas o conductas de exclusión.
- Observar las dinámicas del grupo.
- Comunicar y abordar la situación siguiendo los procedimientos establecidos por el centro.
- Coordinarse con los profesionales implicados y con la familia.
- Trabajar la convivencia y el respeto a la diversidad con todo el grupo.
- Evitar exponer públicamente a la persona afectada.
- Realizar un seguimiento posterior.
Prevenir el bullying no consiste únicamente en intervenir cuando ya existe una agresión.
También consiste en construir diariamente espacios educativos donde la diferencia no sea motivo de exclusión.
Desde la familia
La familia puede ser también un punto fundamental para detectar que algo está ocurriendo.
No siempre una persona cuenta directamente que está sufriendo bullying. Por eso, determinados cambios pueden convertirse en señales de alerta: no querer acudir al centro educativo, aislamiento, cambios de comportamiento, miedo, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba o una disminución de la autoestima.
Ante estas situaciones, la familia puede:
- Escuchar sin presionar ni interrogar.
- Dar importancia a lo que cuenta.
- Evitar culpabilizarle.
- Recordarle que no es responsable del acoso.
- Comunicar la situación al centro educativo.
- Mantener una comunicación coordinada con los profesionales.
- Evitar enfrentamientos directos que puedan aumentar el conflicto.
- Acompañar emocionalmente durante todo el proceso.
- Buscar ayuda especializada cuando sea necesario.
Y transmitir un mensaje fundamental:
“Lo que te está pasando no es culpa tuya y no tienes que enfrentarte a ello solo/a.”
Los apoyos no deben sustituir a la persona
Otro aspecto que podemos analizar desde la Integración Social es el papel de los apoyos.
Apoyar a una persona no significa decidir por ella.
Tampoco significa hacer todo en su lugar.
Un apoyo adecuado debe facilitar que la persona pueda desarrollar sus capacidades, participar y ejercer el mayor grado de autonomía posible.
Esto es especialmente importante cuando hablamos de personas con discapacidad.
La ayuda puede ser necesaria, pero necesitar apoyos no significa perder la capacidad de decidir sobre la propia vida.
La intervención profesional debe buscar precisamente lo contrario: que los apoyos permitan aumentar las oportunidades de participación y autonomía.
¿Qué puede hacer un/a integrador/a social?
Ante una situación como la que plantea Wonder, la intervención de un/a integrador/a social puede desarrollarse desde diferentes ámbitos.
Observar.
Conocer cómo se relaciona el grupo y detectar situaciones que pueden estar pasando desapercibidas.
Detectar.
Identificar señales de aislamiento, rechazo, dificultades de relación o posibles situaciones de acoso.
Acompañar.
Ofrecer un espacio de confianza donde la persona pueda expresar cómo se siente y qué necesita.
Favorecer las relaciones sociales.
Crear oportunidades para que las personas puedan conocerse, participar y establecer vínculos.
Trabajar con el grupo.
La inclusión no consiste únicamente en trabajar con la persona que está siendo excluida. También es necesario trabajar actitudes, prejuicios, convivencia, empatía y respeto dentro del grupo.
Promover la autonomía.
Ofrecer apoyos sin sustituir las decisiones de la persona.
Prevenir.
No esperar a que aparezca una situación grave para intervenir.
Trabajar con el entorno.
Porque muchas veces cambiar una situación requiere modificar también las condiciones que la están provocando.
Una responsabilidad compartida
Integrador/a social, profesorado y familia tienen funciones diferentes, pero existe algo que deben compartir:
la responsabilidad de proteger, acompañar y actuar.
Ninguno de estos agentes puede resolver por sí solo todas las situaciones de bullying.
La coordinación es fundamental.
Porque detectar una situación de acoso y actuar de manera adecuada puede marcar una diferencia enorme en la vida de una persona.
No necesitamos cambiar a la persona para conseguir la inclusión
Esta puede ser una de las reflexiones más importantes que podemos extraer de Wonder desde la Integración Social.
Cuando una persona encuentra dificultades para participar, la solución no siempre consiste en intentar cambiarla para que encaje.
A veces debemos cambiar el entorno.
Cambiar las actitudes.
Eliminar barreras.
Crear apoyos.
Facilitar la comunicación.
Trabajar las relaciones.
Y enseñar a convivir con las diferencias.
La inclusión no debería consistir en conseguir que una persona se adapte constantemente a un entorno que no está preparado para ella.
También debemos conseguir que el entorno sea capaz de adaptarse a la diversidad de las personas que lo forman.
De Wonder a nuestra realidad
Wonder es una película, pero las situaciones que plantea no pertenecen únicamente a la ficción.
En nuestra vida cotidiana también encontramos personas que se sienten diferentes, que tienen dificultades para relacionarse, que son excluidas de un grupo o que reciben un trato condicionado por los prejuicios de los demás.
Por eso, la Integración Social no consiste solamente en intervenir cuando existe un problema.
También consiste en crear condiciones para que ese problema tenga menos posibilidades de aparecer.
Porque una sociedad inclusiva no se construye únicamente cuando incorporamos a alguien que estaba fuera.
Se construye cuando dejamos de crear espacios en los que determinadas personas sienten que no tienen sitio.
Una última mirada
Wonder nos invita a mirar a Auggie de una manera diferente.
Desde la Integración Social, también nos invita a mirar todo aquello que existe alrededor de Auggie.
Su familia.
Sus compañeros.
El centro educativo.
Los profesionales.
El grupo.
Las actitudes.
Las barreras.
Los apoyos.
Y las oportunidades de participación.
Porque la inclusión no depende únicamente de las características de una persona.
También depende de lo que hacemos quienes estamos a su alrededor.
Y quizá esa sea una de las preguntas que deberíamos hacernos cada día:
¿Estoy ayudando a que las personas puedan sentirse parte o simplemente estoy permitiendo que estén presentes?
Reflexión desde Integración Social VPC
La inclusión empieza cuando dejamos de preguntarnos qué tiene que cambiar la persona para encajar y comenzamos a preguntarnos qué podemos cambiar nosotros y nuestro entorno para que todas las personas puedan participar en igualdad de oportunidades.
Viviendo a través de la Parálisis Cerebral
Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.

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