Una mirada desde la Integración Social
Cuando hablamos de prevención del suicidio solemos pensar principalmente en la atención sanitaria y psicológica. Son ámbitos fundamentales, pero no son los únicos que pueden formar parte de una respuesta integral.
Desde la Integración Social, nuestra mirada se dirige también hacia el contexto en el que vive la persona: sus relaciones, sus apoyos, su participación, los recursos disponibles y las barreras que pueden dificultar que acceda a ellos.
No se trata de diagnosticar ni de asumir funciones que corresponden a otros profesionales.
Se trata de observar la realidad social que rodea a la persona y preguntarnos qué podemos aportar desde nuestra intervención.
Crear espacios donde hablar sea posible
Para que una persona pueda expresar lo que está viviendo, necesita encontrar relaciones y entornos donde hacerlo sea posible.
Desde la intervención social podemos favorecer espacios basados en la confianza, el respeto y la ausencia de juicio.
Esto implica respetar los tiempos de cada persona y comprender que no todas las personas comunican sus necesidades de la misma manera.
En determinados casos, facilitar la comunicación puede requerir adaptar nuestra forma de relacionarnos, utilizar otros apoyos comunicativos o simplemente permitir que la persona disponga del tiempo necesario para expresarse.
Crear ese espacio no significa obligar a hablar.
Significa que, cuando necesite hacerlo, exista la posibilidad de ser escuchada.
Escuchar también es intervenir
La escucha profesional también implica observar.
Los cambios importantes en la participación, las relaciones o la vida cotidiana pueden hacernos prestar atención a una posible necesidad que hasta ese momento no había sido expresada.
Pero observar no significa interpretar automáticamente ni convertir cualquier cambio de comportamiento en una señal de riesgo.
Desde nuestra función profesional debemos conocer nuestros límites.
Podemos escuchar, recoger información, observar y comunicar una preocupación cuando corresponda, pero no realizar diagnósticos ni sustituir la intervención especializada.
Saber cuándo debemos pedir la participación de otro profesional también forma parte de una buena intervención.
Acompañar sin sustituir
Acompañar significa apoyar a la persona sin ocupar su lugar.
Podemos orientar, facilitar información, ayudar a organizar determinados pasos o acompañar el acceso a un recurso, pero debemos procurar que la persona continúe participando en las decisiones relacionadas con su propia vida.
Esta perspectiva es especialmente importante cuando una persona necesita muchos apoyos.
Necesitar apoyo no significa perder la capacidad de opinar, decidir o expresar preferencias.
Por eso, una intervención centrada en la persona no pregunta únicamente qué podemos hacer por ella.
También pregunta:
¿Qué necesita para poder participar en aquello que afecta a su vida?
Pedir ayuda también necesita una respuesta
Desde la Integración Social hay una cuestión que merece especial atención:
¿Qué ocurre después de que una persona pide ayuda?
Indicar dónde existe un recurso no siempre significa que hayamos facilitado su acceso.
Puede no saber cómo utilizarlo, encontrar dificultades para desplazarse, necesitar apoyo para comunicarse o no comprender determinados procedimientos.
También puede encontrarse con un sistema fragmentado en el que tenga que explicar repetidamente su situación.
Por eso, nuestra intervención puede consistir en facilitar ese recorrido y favorecer la coordinación necesaria con otros recursos y profesionales.
Pedir ayuda debería abrir un camino.
No convertirse en otro obstáculo.
Detectar barreras también forma parte de la intervención
Las barreras sociales no siempre son evidentes.
Pueden ser económicas, físicas, comunicativas, administrativas o relacionadas con la falta de apoyos.
También puede existir una barrera menos visible: no saber que existe un recurso o no saber cómo acceder a él.
Desde la Integración Social, identificar estas dificultades permite intervenir sobre algo que a menudo queda fuera de la mirada cuando toda la responsabilidad se coloca sobre la persona.
La pregunta cambia de:
«¿Por qué no accede?»
a:
«¿Qué está dificultando que pueda acceder?»
Ese cambio de perspectiva puede modificar nuestra intervención.
Una mirada desde la discapacidad
Cuando acompañamos a una persona con discapacidad, la accesibilidad debe formar parte de esta mirada.
No podemos asumir que la discapacidad explica una situación de sufrimiento.
Pero sí debemos comprobar que las condiciones de comunicación, información y acceso a los recursos permiten que la persona pueda expresar sus necesidades y participar en el proceso de atención.
¿Puede comunicarse de la manera que necesita?
¿Comprende la información que recibe?
¿Dispone de los apoyos necesarios?
¿Puede participar en las decisiones?
Estas preguntas no son añadidos a la intervención.
Forman parte de una atención verdaderamente centrada en la persona.
La intervención no termina en una persona
Las situaciones complejas pueden requerir la participación de diferentes profesionales y agentes del entorno.
La Integración Social puede actuar como parte de esa red, trabajando con la persona y, cuando sea necesario, con su familia, entorno educativo, recursos comunitarios u otros profesionales.
La coordinación permite evitar actuaciones aisladas y facilita que los diferentes apoyos tengan una dirección común.
Y aquí también es importante conocer los límites profesionales.
Derivar no significa abandonar.
Significa reconocer cuándo una situación necesita otra intervención y facilitar, dentro de nuestras competencias, que la persona pueda llegar hasta ella.
Una mirada a favor de la vida
Desde la Integración Social, estar a favor de la vida también implica preguntarnos qué condiciones estamos ayudando a construir alrededor de las personas.
No significa pedirles que sean fuertes ni trasladarles toda la responsabilidad de salir adelante.
Significa trabajar sobre aquello que sí forma parte de nuestra intervención.
Favorecer vínculos.
Promover participación.
Reducir situaciones de aislamiento.
Facilitar apoyos.
Eliminar barreras.
Acercar recursos.
Y contribuir a que la persona pueda mantener o recuperar espacios significativos dentro de su vida.
No podemos solucionar todas las circunstancias que atraviesa alguien.
Pero sí podemos trabajar para que encuentre una red de apoyo más accesible y conectada.
Estar a favor de la vida también es intervenir sobre las condiciones que permiten vivirla.
¿Qué puede hacer un integrador o una integradora social?
La intervención puede concretarse de diferentes maneras según cada situación.
Un/a integrador/a social puede favorecer espacios de confianza, observar cambios en la vida cotidiana, detectar necesidades sociales, identificar barreras, facilitar el acceso a recursos y trabajar con las redes de apoyo.
También puede acompañar procesos de derivación, favorecer la coordinación entre recursos y promover la participación social y comunitaria.
Pero una parte esencial de su función consiste en saber hasta dónde llega su intervención.
No tiene que salvar a una persona.
No tiene que resolver aquello que corresponde a otros profesionales.
Su papel está en aportar su propia mirada profesional y trabajar para que la persona pueda disponer de los apoyos sociales que necesita.
¿Y qué podemos hacer las familias y el entorno?
Las familias y las personas cercanas también forman parte de la red de apoyo, pero no tienen que convertirse en profesionales.
Pueden escuchar, acercarse, respetar y tomar en serio aquello que la persona expresa.
Y cuando una situación supera sus posibilidades, pueden buscar orientación y ayuda especializada.
Desde la Integración Social también podemos acompañar a esas redes para que conozcan mejor los recursos disponibles y encuentren formas de apoyo que no impliquen asumir responsabilidades que no les corresponden.
Cambiar la pregunta
La perspectiva de Integración Social nos invita a cambiar algunas preguntas.
No preguntarnos únicamente:
«¿Por qué no habla?»
Sino:
«¿Qué condiciones necesita para poder expresarse?»
No preguntarnos solamente:
«¿Por qué no pide ayuda?»
Sino:
«¿Qué puede estar dificultando que acceda a ella?»
Y no quedarnos únicamente en:
«¿Dónde puede acudir?»
Sino comprobar:
«¿Puede realmente llegar hasta ese recurso y utilizarlo?»
Cambiar la pregunta significa cambiar también nuestra forma de intervenir.
Esto también es Integración Social
A veces pensamos en la intervención social como una actuación que comienza cuando aparece un problema claramente identificado.
Pero también existe una intervención cotidiana que trabaja sobre las condiciones sociales que rodean a las personas.
Favorecer relaciones.
Prevenir el aislamiento.
Promover participación.
Detectar necesidades.
Identificar barreras.
Facilitar recursos.
Coordinar apoyos.
Son actuaciones diferentes que deberán adaptarse a cada persona y a cada contexto.
No existe una fórmula única.
Por eso, intervenir socialmente requiere conocer la realidad concreta antes de decidir qué apoyo puede ser adecuado.
Una mirada para pensar
Quizá la pregunta no sea únicamente qué podemos hacer cuando una persona llega a una situación límite.
También podemos preguntarnos:
¿Qué estamos construyendo a su alrededor antes de que llegue hasta ahí?
Porque una red de apoyo no se construye únicamente en una emergencia.
Se construye en las relaciones, en la participación, en la accesibilidad, en los recursos y en la manera en que acompañamos a las personas en su vida cotidiana.
No podemos hacerlo todo.
Pero sí podemos hacer nuestra parte.
Porque estar a favor de la vida también significa trabajar para que las personas encuentren apoyos, oportunidades y posibilidades para seguir construyendo la suya.
Integración Social VPC
Integración Social VPC es una línea de Viviendo a través de la Parálisis Cerebral que incorpora la perspectiva profesional de la Integración Social para observar diferentes realidades sociales desde otra mirada.
Un espacio para transformar experiencias, preguntas y situaciones sociales en nuevas formas de comprender la intervención, los apoyos, las barreras y la participación.
Porque integrar socialmente no consiste solamente en estar.
También consiste en poder participar, decidir, relacionarse, acceder a los apoyos y construir una vida propia.
A la vida, GANAS; y a los sueños, ALAS.
Viviendo a través de la Parálisis Cerebral
Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.
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