Hablar de igualdad salarial suele llevarnos directamente a una pregunta: ¿cobramos lo mismo por hacer un trabajo de igual valor?
Pero cuando hablamos de personas con discapacidad, creo que hay una conversación que debería empezar un poco antes.
¿Por qué queremos trabajar?
No todas las personas pueden trabajar. No todas quieren hacerlo. Y ninguna de las dos circunstancias debería hacer que una persona valga más o menos.
Pero quienes queremos trabajar no queremos hacerlo solamente porque trabajar sea una obligación o porque la sociedad espere que tengamos un empleo.
Queremos trabajar porque tenemos capacidades, conocimientos, inquietudes, sueños y cosas que aportar.
Porque trabajar también puede significar desarrollar aquello que sabemos hacer, aprender, crecer, relacionarnos, construir nuestro propio camino, alcanzar una mayor autonomía y sentir que aquello que hacemos puede contribuir a algo.
Y las personas con discapacidad también queremos tener esa posibilidad.
Sin embargo, muchas veces el camino hasta conseguir un empleo no empieza en igualdad de condiciones.
Tenemos que enfrentarnos a barreras de accesibilidad, prejuicios, desconocimiento y expectativas que pueden hacer que nuestra discapacidad se vea antes que nuestra formación, nuestra experiencia o nuestras capacidades.
Y a veces aparece una sensación difícil de explicar: la de tener que demostrar un poco más que otras personas que podemos hacer aquello para lo que nos hemos preparado.
No queremos que nos contraten solamente porque exista una obligación de inclusión.
Queremos que nos contraten porque somos profesionales, porque tenemos una formación, porque sabemos hacer nuestro trabajo y porque podemos aportar.
La inclusión laboral no debería terminar cuando una persona con discapacidad consigue entrar en una empresa.
También significa poder desarrollar nuestra profesión, asumir responsabilidades, aprender, promocionar, tener los apoyos y las adaptaciones que necesitemos y recibir una remuneración justa por nuestro trabajo.
Porque si hacemos un trabajo de igual valor, nuestra discapacidad no debería determinar cuánto vale nuestro trabajo.
Y aquí hay otra realidad que tampoco podemos olvidar.
Ser mujer y tener una discapacidad puede significar enfrentarse a diferentes desigualdades al mismo tiempo.
La igualdad salarial, por tanto, no puede quedarse solamente en hablar de hombres y mujeres. También tenemos que mirar qué ocurre cuando el género se cruza con la discapacidad y con otras circunstancias sociales.
No se trata de comparar quién tiene más dificultades.
Se trata de reconocer que existen diferentes barreras y de trabajar para que ninguna de ellas determine de antemano hasta dónde puede llegar una persona.
Porque trabajar no debería significar demostrar constantemente que merecemos estar ahí.
Debería significar poder estar ahí, aportar lo que sabemos hacer y ser valoradas y valorados por nuestro trabajo.
La discapacidad forma parte de nuestra historia, pero no debería decidir el valor de nuestro trabajo.
Y quizá la verdadera igualdad empiece cuando dejemos de preguntarnos qué puede hacer una persona con discapacidad y empecemos a preguntarnos:
¿Qué puede aportar si tiene la oportunidad de hacerlo?
Viviendo a través de la Parálisis Cerebral
Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.
Comentarios
Publicar un comentario