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Ceuta ante una situación que nos obliga a hablar de solidaridad, responsabilidad y convivencia



Hay situaciones que ocurren en un lugar concreto, pero que terminan planteándonos preguntas que van mucho más allá de ese lugar.

Ceuta es hoy una de ellas.

En este Día de Ceuta, la ciudad vive una jornada diferente. A la celebración de su día se une una situación extraordinaria que, desde finales de julio, ha afectado a distintos ámbitos de la vida cotidiana.

También se han celebrado movilizaciones y concentraciones relacionadas con la situación de Ceuta en diferentes puntos de España.

No he estado físicamente en ninguna de ellas.

Pero sí quiero hablar de lo que está ocurriendo.

Quiero hacerlo como ciudadana y también desde mi mirada como Técnica Superior en Integración Social.

Pero, sobre todo, quiero hacerlo desde la forma en la que entiendo este proyecto de comunicación social.

Porque hay conversaciones que necesitamos mantener incluso cuando no son sencillas.

Y esta es una de ellas.

Hablar de Ceuta no debería obligarnos a elegir entre quienes viven allí y quienes llegan. Tampoco entre solidaridad y responsabilidad, entre derechos y seguridad o entre atender una necesidad y abandonar otra.

Quizá el verdadero reto sea aprender que una sociedad puede tener varias responsabilidades al mismo tiempo.

Y que reconocer una realidad no debería obligarnos a negar otra.

Una situación que supera a una sola ciudad

Para comprender lo que está ocurriendo es necesario empezar por los hechos.

Los días 30 y 31 de julio de 2026 se produjo una entrada irregular masiva de personas migrantes en Ceuta. La situación alcanzó una dimensión extraordinaria y terminó afectando al funcionamiento habitual de diferentes servicios y recursos de la ciudad.

El Real Decreto 681/2026, de 25 de agosto, declaró la situación de interés para la Seguridad Nacional en la ciudad de Ceuta. El propio texto reconoce que la entrada de los días 30 y 31 de julio había generado una presión inédita sobre las capacidades de control fronterizo, identificación, atención humanitaria y acogida, afectando también al funcionamiento ordinario de servicios sociales, de protección de menores, seguridad, transporte y gestión administrativa.

Fuente de información:

La situación, por tanto, no afecta únicamente a una frontera.

Afecta a una ciudad.

A sus habitantes.

A sus servicios públicos.

A los profesionales que trabajan en ellos.

Y también a las personas que han llegado y necesitan diferentes tipos de atención.

El 17 de agosto, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones anunció la habilitación de cuatro nuevos emplazamientos temporales para la atención humanitaria de personas migrantes en Ceuta. La medida contemplaba inicialmente 1.500 nuevas plazas y fue acordada tras una reunión entre la ministra Elma Saiz y el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas.

Fuente de información:

La respuesta institucional demuestra algo importante: la situación había adquirido una dimensión que superaba la capacidad ordinaria de una sola ciudad.

Pero detrás de cualquier cifra seguimos encontrando personas.

Y detrás de cada persona puede existir una situación diferente.

Migrar no significa siempre lo mismo

A veces utilizamos la palabra migración como si explicara por sí sola toda una historia.

Pero no es así.

Las personas migran por motivos muy diferentes.

Algunas buscan nuevas oportunidades de trabajo o una vida con mayores posibilidades.

Otras intentan reunirse con familiares.

Hay personas que huyen de guerras, conflictos o persecuciones.

Otras pueden desplazarse después de situaciones de violencia, graves vulneraciones de derechos o catástrofes que hacen imposible continuar viviendo en su lugar de origen.

También existen personas que pueden necesitar protección internacional.

Por eso, hablar de migración no significa hablar de una única realidad.

Ni todas las personas llegan por el mismo motivo.

Ni todas tienen las mismas circunstancias.

Ni todas necesitan la misma respuesta.

Esta cuestión resulta especialmente importante en Ceuta porque una situación de llegada masiva puede hacernos caer en la tentación de mirar únicamente el conjunto.

Pero incluso dentro de una emergencia existen historias individuales.

Hay personas adultas.

Hay familias.

Hay niños, niñas y adolescentes.

Hay personas que pueden contar con apoyos.

Y otras que pueden encontrarse completamente solas.

Hay situaciones que requieren una respuesta inmediata y otras que necesitan una intervención más prolongada.

Por eso, una cifra puede ayudarnos a comprender la dimensión de una situación.

Pero nunca puede explicar completamente la realidad de cada persona.

La intervención social empieza cuando dejamos de mirar solamente una etiqueta

Desde mi formación como Técnica Superior en Integración Social hay una idea que considero especialmente importante.

No podemos conocer las necesidades de una persona únicamente por el colectivo al que pertenece.

La intervención social necesita observar las circunstancias concretas.

Qué necesita esa persona.

Qué dificultades encuentra.

Qué capacidades tiene.

Qué apoyos existen.

Qué recursos necesita.

Y qué situación está viviendo en ese momento.

No todas las personas con discapacidad necesitan los mismos apoyos.

No todas las familias viven las mismas dificultades.

No todas las personas mayores necesitan la misma intervención.

Y tampoco todas las personas migrantes tienen la misma historia ni las mismas necesidades.

Por eso, la pregunta no debería ser solamente:

¿A qué colectivo pertenece?

También necesitamos preguntarnos:

¿Qué necesita esta persona?

La atención humanitaria tampoco consiste únicamente en ofrecer un lugar físico donde permanecer.

La respuesta institucional anunciada para Ceuta incluyó la distribución diaria de miles de kits de alimentación, material de higiene y asistencia sanitaria básica. En esa respuesta participaron también entidades sociales y humanitarias como Cruz Roja.

Fuente de información:

Esta mirada individualizada es especialmente importante cuando hablamos de personas que pueden encontrarse en situaciones de mayor vulnerabilidad.

La infancia necesita protección.

Pero dentro de la infancia también existen realidades diferentes.

Un niño no necesita necesariamente lo mismo que otro.

Una adolescente puede enfrentarse a riesgos específicos.

Una persona menor de edad que llega sola necesita una respuesta distinta a la de un niño que se encuentra acompañado por su familia.

Por eso, la protección de niños, niñas y adolescentes necesita tener en cuenta sus circunstancias concretas y no limitarse a responder a la categoría general de «menor migrante».

Entidades como Save the Children España trabajan desde hace años en la defensa de la protección específica de la infancia en contextos de vulnerabilidad y movilidad.

Mirar las necesidades de forma individual no significa ignorar la dimensión colectiva de una emergencia.

Significa evitar que una respuesta general haga invisibles las situaciones particulares.

Atender nuevas necesidades no debería significar abandonar las anteriores

Hay una idea que considero fundamental cuando hablamos de cualquier emergencia social.

Las necesidades no deberían convertirse en una competición.

Una ciudad ya tiene necesidades antes de que ocurra una crisis.

En Ceuta ya vivían familias con diferentes circunstancias.

Personas mayores.

Personas con discapacidad.

Niños, niñas y adolescentes.

Personas que podían encontrarse en situaciones de pobreza o exclusión.

Personas que necesitaban atención sanitaria.

Familias que necesitaban recursos.

Y profesionales que ya trabajaban para responder a esas realidades.

La llegada de nuevas necesidades no hace desaparecer las anteriores.

Por eso, atender a las personas que llegan no debería significar abandonar a quienes ya necesitaban atención.

Pero tampoco debería utilizarse la existencia de necesidades previas como una razón para negar ayuda a quienes llegan.

Desde una perspectiva social, el debate debería ser diferente.

No:

¿A quién ayudamos primero y a quién dejamos fuera?

Sino:

¿Qué necesitamos para poder responder a todas las necesidades que existen?

La primera responsabilidad corresponde a las administraciones competentes en cada ámbito.

Pero cuando una situación supera la capacidad ordinaria de una ciudad, la respuesta necesita crecer y contar con la coordinación y el apoyo de otras administraciones.

No podemos pedir a un territorio que responda por sí solo a una situación que supera sus recursos.

El propio Real Decreto 681/2026 reconoce la presión extraordinaria generada sobre los servicios públicos y establece una respuesta basada en la coordinación y movilización de recursos.

Fuente de información:

Esta reflexión puede trasladarse a muchas otras situaciones sociales.

Atender a una persona con discapacidad no debería perjudicar a una persona mayor.

Proteger a un menor no debería significar abandonar a otro.

Atender a una persona sin hogar no debería impedir responder a una familia que necesita vivienda.

Y reforzar la respuesta ante una emergencia migratoria no debería convertirse en una excusa para olvidar las necesidades que ya existían.

La inclusión no debería funcionar repartiendo una cantidad limitada de atención entre personas que necesitan cosas diferentes.

Una sociedad debería ser capaz de ampliar su capacidad de respuesta cuando las necesidades aumentan.

Ceuta es mucho más que una frontera

Cuando observamos Ceuta desde fuera es fácil terminar reduciéndola a aquello que aparece en los titulares.

Una frontera.

Una entrada masiva.

Una crisis migratoria.

Una discusión política.

Pero Ceuta es una ciudad.

Y una ciudad está formada por muchas vidas que continúan existiendo mientras las cámaras miran hacia otra parte.

Hay familias que intentan continuar con su vida cotidiana.

Hay personas que van a trabajar.

Hay comercios.

Hay estudiantes.

Hay personas mayores.

Hay niños y adolescentes.

Hay personas con discapacidad.

Hay profesionales que trabajan en los servicios públicos.

Hay entidades sociales.

Hay personas que sienten preocupación.

Y también hay personas que están intentando ayudar.

Escuchar la preocupación de quienes viven en Ceuta forma parte de una mirada social.

Pero escucharla no significa convertir automáticamente a las personas migrantes en responsables de todos los problemas de la ciudad.

Del mismo modo, reconocer las necesidades de quienes han llegado no significa ignorar las dificultades que puede estar atravesando la población.

Ambas realidades pueden existir al mismo tiempo.

Y quizá una de las mayores dificultades de la convivencia consista precisamente en aprender a reconocer varias realidades sin obligarnos a elegir cuál merece ser escuchada.

Para comprender esta realidad desde el propio territorio resulta especialmente importante acudir tanto a la información institucional de la ciudad como a los medios locales que realizan un seguimiento directo de la actualidad.

Fuentes de consulta y seguimiento:

Cuando una emergencia también pone a prueba a quienes tienen que responder

En cualquier situación de estas características solemos pensar inmediatamente en las personas que necesitan ayuda.

Y debemos hacerlo.

Pero también existe otra parte de la realidad.

Las personas que tienen que proporcionar esa respuesta.

Profesionales de los servicios sociales.

Personal sanitario.

Entidades sociales.

Fuerzas y cuerpos de seguridad.

Profesionales de emergencias.

Personal que trabaja con la infancia.

Voluntariado.

Y muchas otras personas que pueden tener que desarrollar su trabajo en circunstancias extraordinarias.

Una respuesta social adecuada no consiste únicamente en crear recursos.

También necesita profesionales suficientes, coordinación y condiciones que permitan desarrollar correctamente su trabajo.

Porque una emergencia puede aumentar las necesidades de muchas personas al mismo tiempo.

Y los recursos humanos también tienen límites.

Por eso, cuidar la respuesta significa también cuidar a quienes la sostienen.

El tiempo también forma parte de una crisis

Hay otro elemento que puede ayudarnos a comprender el malestar que una situación como esta genera.

El tiempo.

La entrada masiva se produjo los días 30 y 31 de julio.

El 17 de agosto se anunció la habilitación de cuatro nuevos emplazamientos con una capacidad inicial de 1.500 plazas.

Y durante las semanas posteriores continuaron adoptándose medidas y decisiones relacionadas con la respuesta institucional.

Por tanto, no sería correcto afirmar que durante ese periodo no se hubiera hecho nada.

Se movilizaron recursos y se adoptaron medidas.

Pero reconocer que se actuó tampoco impide plantear preguntas sobre la rapidez, la suficiencia y la capacidad de las respuestas.

Porque una emergencia no se vive únicamente a través de los documentos que se aprueban.

También se vive durante el tiempo que transcurre entre lo que ocurre y la respuesta.

Y cada día puede aumentar la presión sobre los servicios, los profesionales y la población.

Esta es una cuestión que conviene tener en cuenta cuando analizamos la respuesta institucional.

No basta únicamente con preguntar:

¿Qué se hizo?

También podemos preguntarnos:

¿Cuándo se hizo?

¿Fue suficiente?

¿Qué necesidades continuaban existiendo mientras se adoptaban nuevas medidas?

Estas preguntas no significan negar las actuaciones realizadas.

Forman parte de la responsabilidad de analizar cómo funciona una respuesta pública ante una situación extraordinaria.

Una misma situación puede ser contada de maneras diferentes

Durante estos días, los medios de comunicación han desempeñado un papel importante en la forma en que muchas personas han conocido lo ocurrido.

Pero no todos los medios han puesto el foco en los mismos aspectos.

Algunos han dado mayor importancia a la dimensión de seguridad y a las circunstancias en las que se produjo la entrada.

Otros han centrado su atención en la situación humanitaria.

Otros han seguido la vida cotidiana de la ciudad y las consecuencias que la crisis estaba teniendo para quienes vivían allí.

También han ocupado un espacio importante las declaraciones políticas y el debate sobre la respuesta del Gobierno.

Esta diferencia de enfoques no significa necesariamente que una información sea verdadera y otra falsa.

Significa que una realidad compleja puede ser observada desde diferentes lugares.

Por eso, cuando recibimos información, puede ser útil preguntarnos:

¿Qué aspecto de la realidad está mostrando este medio?

¿Qué información ocupa el titular?

¿Qué se explica después?

¿Qué voces aparecen?

¿Qué voces no estamos escuchando?

Informarse bien no significa consumir únicamente un medio.

Tampoco significa desconfiar de todo.

Significa comprender que nuestra visión puede cambiar cuando incorporamos más información y más perspectivas.

Para realizar este seguimiento resulta útil contrastar fuentes institucionales con agencias de noticias, medios públicos, medios nacionales, medios audiovisuales y medios locales.

Fuentes de seguimiento:

Ninguna fuente, por sí sola, puede explicar completamente una situación de esta complejidad.

Precisamente por eso contrastar no significa buscar una fuente que confirme aquello que ya pensamos.

Significa estar dispuestos a ampliar nuestra mirada.

Cuando existen versiones diferentes, la prudencia también es una responsabilidad

Una de las cuestiones más delicadas relacionadas con esta situación es la información sobre las circunstancias concretas en las que se produjo la entrada masiva de finales de julio.

En los últimos días se han publicado informaciones sobre documentos e informes relacionados con lo ocurrido.

Algunas informaciones han destacado elementos que podrían apuntar a una actuación organizada o a la posible participación de agentes marroquíes.

Al mismo tiempo, desde el Gobierno de España se ha defendido públicamente la necesidad de actuar con cautela antes de establecer responsabilidades definitivas mientras se analizan todos los elementos disponibles.

Por tanto, existen interpretaciones y posiciones públicas diferentes sobre el alcance de la información conocida.

Y aquí es importante hacer una distinción.

Una cosa es que exista un documento.

Otra es lo que recoge.

Otra es la interpretación que diferentes medios realizan sobre su contenido.

Y otra distinta es que determinadas responsabilidades hayan quedado demostradas de forma definitiva.

Por eso, hablar con prudencia no significa ignorar una información porque resulte incómoda.

Pero tampoco convertir automáticamente una hipótesis, una interpretación o una conclusión provisional en una verdad definitiva.

Cuando una cuestión continúa necesitando aclaraciones, lo responsable es reconocer aquello que conocemos y también aquello que todavía no sabemos.

Fuente de información y contraste:

No necesitamos elegir entre creerlo todo o no creer nada.

Necesitamos aprender a esperar a que las evidencias permitan establecer conclusiones.

Informar, interpretar y opinar no son lo mismo

Vivimos en una época en la que una información puede recorrer miles de pantallas antes de que tengamos tiempo para comprobarla.

Una imagen.

Un vídeo.

Un titular.

Una declaración.

Una publicación.

Todo puede ser compartido rápidamente.

Pero rapidez no significa certeza.

Hay una diferencia entre un hecho confirmado y una declaración.

Entre una investigación abierta y una conclusión.

Entre un documento y la interpretación que alguien hace de él.

Y también entre información y opinión.

Puede parecer una diferencia pequeña.

Pero no lo es.

Especialmente cuando hablamos de cuestiones que pueden generar miedo, indignación o rechazo.

Las emociones forman parte de nuestra manera de vivir una situación.

Es normal sentir preocupación.

Es normal tener preguntas.

Es normal expresar una opinión.

Pero las emociones no deberían sustituir a la comprobación de los hechos.

Por eso la responsabilidad no corresponde únicamente a periodistas, medios de comunicación o instituciones.

También corresponde a quienes leemos, comentamos y compartimos.

Las redes sociales también forman parte de lo que está ocurriendo

Hoy todos podemos participar en la difusión de una información.

Podemos compartir una noticia.

Comentar un vídeo.

Reenviar una imagen.

Publicar nuestra opinión.

Y eso nos convierte también en responsables de aquello que ayudamos a difundir.

Cada persona interpreta la realidad desde sus experiencias, sus valores y sus creencias.

Eso es inevitable.

Podemos tener opiniones diferentes.

Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con una decisión política.

Podemos sentir preocupación.

Podemos defender determinadas ideas.

Pero nuestras creencias no convierten automáticamente en verdadera una información.

Por eso, antes de compartir, también podemos detenernos.

Preguntarnos de dónde procede.

Si conocemos el contexto.

Si se trata de un hecho o de una opinión.

Si existen otras fuentes que confirman esa información.

Y qué consecuencias puede tener difundirla.

No tenemos que pensar todos igual.

Pero sí podemos decidir no participar en la difusión de bulos, mensajes que inciten al odio o contenidos que conviertan a todo un colectivo en una amenaza.

La libertad de expresar una opinión también necesita responsabilidad.

Porque aquello que compartimos puede llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.

Y porque detrás de una pantalla continúan existiendo personas.

La advertencia sobre el riesgo de que los discursos de odio y su difusión dañen la convivencia también ha estado presente en el debate público sobre la situación de Ceuta.

Fuente de contexto:

Las movilizaciones también muestran que una situación puede generar preocupaciones diferentes

El 2 de septiembre, coincidiendo con el Día de Ceuta, se celebraron manifestaciones y concentraciones tanto en la propia Ciudad Autónoma como en diferentes municipios y ciudades españolas.

Sin embargo, reducir todas esas movilizaciones a un único objetivo impediría comprender la pluralidad de posiciones que se expresaron durante esa jornada.

Por un lado, se produjeron concentraciones y manifestaciones de apoyo a Ceuta y a su población.

Muchas de las personas participantes expresaron su preocupación por la presión sobre los servicios, la situación de la ciudad, la seguridad y la respuesta institucional.

También existió un claro componente de crítica y descontento hacia la gestión que el Gobierno de España estaba realizando de la crisis.

En Ceuta, miles de personas participaron en una movilización celebrada coincidiendo con el Día de la Ciudad. La convocatoria trasladó un mensaje de apoyo y defensa de Ceuta y reclamó una respuesta ante la situación que atravesaba la ciudad.

Fuente de información:

Las concentraciones también se extendieron a otros puntos de España.

En distintas localidades, las convocatorias mostraron solidaridad con la población de Ceuta y reclamaron una mayor respuesta institucional.

Fuente de información:

Pero el 2 de septiembre también existieron movilizaciones con un enfoque diferente.

Se celebraron concentraciones y respuestas ciudadanas en defensa de los derechos de las personas migrantes y contra actitudes racistas, xenófobas o discursos que pretendían convertir a toda una población migrante en una amenaza colectiva.

Por eso, una misma jornada pudo reunir mensajes diferentes.

Apoyo a Ceuta.

Crítica a la gestión institucional.

Preocupación por la situación de la ciudad.

Defensa de los derechos de las personas migrantes.

Rechazo al racismo y a la deshumanización.

Reconocer esta pluralidad no significa afirmar que todas las personas compartieran las mismas ideas.

Significa precisamente lo contrario.

Que una situación social puede generar preocupaciones diferentes y respuestas diferentes.

Fuentes de contexto sobre la pluralidad de movilizaciones:

Escuchar que existe preocupación o malestar no debería resultar incómodo en una sociedad democrática.

Pero tampoco deberíamos utilizar esa preocupación para alimentar enfrentamientos entre personas que también pueden estar viviendo una situación difícil desde lugares diferentes.

Seguridad y solidaridad no tienen por qué ser enemigas

Durante una crisis aparecen con facilidad los falsos dilemas.

Seguridad o derechos.

Fronteras o humanidad.

Residentes o personas migrantes.

Protección o control.

Pero una sociedad democrática puede defender varias cosas al mismo tiempo.

Puede exigir una gestión organizada de sus fronteras y respetar la dignidad de las personas.

Puede escuchar las preocupaciones de la población y proteger a quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Puede exigir recursos para los servicios públicos y reclamar una atención humanitaria adecuada.

Puede defender la seguridad sin convertir el miedo en odio.

La dificultad no consiste necesariamente en elegir uno de estos elementos.

La dificultad consiste en conseguir que puedan funcionar conjuntamente.

La seguridad necesita organización.

La atención social necesita recursos.

La protección de la infancia necesita profesionales y respuestas adaptadas.

La convivencia necesita responsabilidad.

Y todo ello necesita instituciones capaces de coordinarse.

Una mirada desde VPC: no mirar una sola realidad

Desde Viviendo a través de la Parálisis Cerebral queremos incorporar una mirada que vaya más allá de una única condición o colectivo.

La discapacidad forma parte de nuestra experiencia.

Pero nuestra forma de comunicar no quiere quedarse encerrada en ella.

Por eso, cuando hablamos de Ceuta, también queremos mirar a la infancia, las mujeres, las personas mayores, las personas migrantes, las familias, las personas que viven situaciones de pobreza o exclusión y quienes necesitan diferentes tipos de apoyo.

Pero también a los profesionales de los servicios públicos.

A las fuerzas y cuerpos de seguridad.

A los trabajadores de emergencias.

A las entidades sociales.

A los periodistas.

A los comerciantes.

Y a todas aquellas personas cuya realidad puede quedar escondida detrás de una crisis.

Porque la inclusión no consiste en hablar solamente de determinados colectivos.

Consiste en aprender a mirar la sociedad completa.

Y eso implica algo tan sencillo como difícil:

no convertir a unas personas en el problema para poder reconocer a otras como víctimas.

Podemos defender la seguridad sin alimentar el odio.

Podemos reclamar recursos para Ceuta sin negar los derechos de quienes llegan.

Podemos exigir responsabilidades institucionales sin señalar culpables antes de tiempo.

Podemos defender la infancia sin olvidar a las familias.

Podemos hablar de migración sin reducir a las personas migrantes a una cifra.

Y podemos escuchar a quienes viven en Ceuta sin utilizar su preocupación para alimentar enfrentamientos.

Ese equilibrio no siempre es sencillo.

Pero precisamente por eso merece la pena intentarlo.

Mi reflexión personal

Después de recorrer todas estas perspectivas, hay algo que me resulta especialmente difícil: aceptar que una realidad puede ser mucho más compleja de lo que parece cuando la observamos desde fuera.

Durante estos días he leído informaciones diferentes, he encontrado opiniones enfrentadas y he intentado detenerme antes de sacar conclusiones.

Como Técnica Superior en Integración Social, tengo claro que existen situaciones en las que la asistencia y la intervención son necesarias. Forma parte de mi manera de entender la realidad social: detrás de una situación de vulnerabilidad hay personas concretas cuyas circunstancias necesitan ser atendidas.

Pero esta situación también me ha llevado a pensar en algo que considero importante reconocer.

Comprender la necesidad de intervenir no significa dejar de escuchar lo que sienten quienes viven directamente las consecuencias de una situación extraordinaria.

Puedo entender que haya residentes de Ceuta que sientan preocupación.

Puedo entender que una situación inesperada altere la sensación de normalidad de una ciudad y genere preguntas, incertidumbre y malestar.

Para mí, reconocer esa preocupación no significa asumir automáticamente todas las interpretaciones o respuestas que puedan surgir a partir de ella.

Significa aceptar que las experiencias de quienes viven directamente una situación también forman parte de la realidad que estamos intentando comprender.

Quizá una de las cosas que más me ha hecho pensar es precisamente la dificultad de escuchar sin necesidad de elegir inmediatamente un lado.

Puedo comprender una preocupación sin renunciar a mis propios principios.

Y puedo reconocer una dificultad sin dejar de cuestionarme las respuestas que se plantean ante ella.

Como persona, esta situación me ha recordado la importancia de no perder la capacidad de cuestionarme.

Como profesional de la Integración Social, me recuerda que detrás de cualquier realidad social existen perspectivas que necesitan ser escuchadas antes de convertirlas en una etiqueta.

Pero, sobre todo, como mujer que lleva años observando y contando realidades sociales desde VPC, me confirma algo que considero fundamental:

escribir también puede ser una forma de detenerse antes de juzgar.

No necesito tener una respuesta para cada pregunta.

A veces, quizá, lo más responsable sea reconocer que todavía estamos intentando comprender y seguir mirando.

Reflexión final: ¿qué podemos aprender de lo ocurrido?

Quizá la principal enseñanza no sea encontrar una respuesta única sobre Ceuta, sino aprender a mirar mejor cuando una situación nos supera.

Aprender que las realidades complejas necesitan tiempo, información y capacidad para escuchar.

Aprender que podemos tener posiciones diferentes sin convertir automáticamente al otro en un enemigo.

Aprender que una sociedad no se construye eligiendo qué personas merecen nuestra atención, sino siendo capaces de ampliar nuestra mirada cuando aparecen nuevas realidades.

Y aprender también que, en momentos de tensión, nuestras palabras tienen consecuencias.

Lo que decimos.

Lo que compartimos.

Lo que damos por cierto.

Lo que decidimos ignorar.

Todo contribuye a construir la realidad social que compartimos.

Por eso, quizá la pregunta que deberíamos llevarnos de todo lo ocurrido no sea solamente qué pensamos sobre Ceuta, sobre la migración, sobre la seguridad o sobre las decisiones políticas.

Quizá sea una pregunta mucho más amplia:

¿Cuando llegue el momento de responder ante una realidad compleja, ¿qué tipo de sociedad queremos demostrar que somos?

Tal vez la verdadera inclusión empiece precisamente ahí:

en aprender a mirar la realidad completa sin obligarnos a elegir quién merece ser visto.

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