Cada 23 de abril llega el Día del Libro y muchas personas lo celebran recomendando lecturas, hablando de autores favoritos o compartiendo historias que marcaron sus vidas. Y me parece algo precioso, porque los libros tienen una capacidad única de acompañarnos, enseñarnos y transformarnos.
Pero este año quiero celebrarlo desde un lugar mucho más personal: desde mi relación con las palabras y desde lo que significa para mí escribir.
Aunque nunca he publicado un libro, escribir ocupa una parte muy importante de mi vida. Durante mucho tiempo me costó llamarme escritora porque pensaba que para merecer ese título hacía falta haber publicado una novela, vivir de ello o tener una trayectoria concreta que validara ese nombre.
Con el tiempo entendí que escribir no siempre necesita grandes escenarios para ser real. También escribe quien llena páginas en silencio, quien transforma emociones en textos, quien crea un blog para compartir reflexiones y quien encuentra en las palabras una forma de expresarse y entender el mundo. Y ahí fue donde empecé a reconocerme.
Me considero escritora porque tengo mi propio blog y porque escribir, para mí, nunca ha sido simplemente juntar palabras, transmitir información o contar historias. Es algo mucho más profundo.
Muchas veces escribir ha sido mi forma de entenderme. Hay emociones que no sé explicar cuando hablo, pensamientos que se mezclan dentro de mi cabeza y momentos en los que siento demasiadas cosas al mismo tiempo. Entonces escribo.
Escribo para ordenar ese caos interno, bajar el ruido mental y dar forma a aquello que siento. Muchas veces no entiendo realmente lo que me pasa hasta que lo veo escrito delante de mí. Es como si las palabras fueran colocando cada pieza en su sitio y me ayudaran a escucharme mejor.
Y precisamente por eso aprendí a valorar profundamente el poder de las palabras. No solo por cómo me ayudan a entenderme, sino también por cómo pueden impactar en otras personas.
Un libro puede hacerte sentir comprendida, un poema puede describir exactamente una emoción que pensabas que nadie más había sentido y un texto puede darte respuestas, nuevas preguntas o simplemente compañía.
Pero también he aprendido que comunicar implica responsabilidad. No se trata solo de expresar lo que siento: también implica informarme, contrastar y entender bien aquello que quiero transmitir, especialmente cuando escribo sobre temas sociales, derechos o experiencias que afectan a otras personas.
Creo en una comunicación más humana, pero también más consciente. Una comunicación que emocione sin desinformar, que haga reflexionar sin contribuir al ruido y que construya en lugar de destruir.
Y aunque a veces dudo de mis textos o me pregunto si realmente llegarán a alguien, hay algo que tengo claro: no busco perfección en lo que escribo, busco verdad. Busco ese momento en el que alguien lee algo mío y se siente identificado, reflexiona o simplemente siente algo.
Para mí, eso ya hace que escribir valga la pena.
Hoy, en el Día del Libro, no celebro un libro publicado… todavía.
Celebro cada borrador, cada idea anotada rápidamente para no olvidarla, cada texto compartido en mi blog y cada palabra que me ha ayudado a entender quién soy.
Porque, sin darme cuenta, mientras escribía textos para compartir con otras personas, también me estaba escribiendo a mí misma.
Y quizá ese sea el proyecto más importante que tendré nunca: seguir escribiendo, día a día, la historia más valiosa que tengo: mi propia vida. ❤️📖✨
#DíaDelLibro #23DeAbril #Escritura #BlogPersonal #Reflexiones #Escribir #Comunicación #Lectura #CrecimientoPersonal
Comentarios
Publicar un comentario