Ir al contenido principal

Seguidores

Amar sin etiquetas: el derecho de todas las personas a construir sus propios vínculos

Introducción

Cada 14 de febrero llega acompañado de corazones, flores, mensajes románticos y todo tipo de imágenes que parecen querer mostrarnos cómo debería ser el amor.

Parejas perfectas. Cuerpos perfectos. Historias perfectas.

Pero el amor real rara vez se parece a una película.

El amor real tiene dudas, conversaciones difíciles, momentos de ilusión, desacuerdos, aprendizajes, decisiones, cambios y también despedidas. Tiene personas diferentes que intentan construir juntas una relación que tenga sentido para ellas.

Y precisamente por eso, cuando hablamos de amor, también necesitamos hablar de diversidad.

Porque las personas con discapacidad nos enamoramos, sentimos atracción, tenemos deseos, sufrimos cuando nos rompen el corazón, construimos relaciones, terminamos algunas de ellas, comenzamos otras y aprendemos de cada experiencia.

Sin embargo, durante demasiado tiempo la sociedad ha contado muy pocas historias sobre nuestra vida afectiva.

Se ha hablado mucho de nuestros tratamientos, de nuestros apoyos, de nuestra educación, de la accesibilidad o de nuestras necesidades. Todo ello es importante, pero existe otra parte de nuestra vida que también merece ser reconocida: nuestra capacidad para amar y ser amados.

Hoy quiero hablar precisamente de eso.

De amor.

Del amor cuando la discapacidad también forma parte de la historia.

Pero también de autonomía, sexualidad, comunicación, responsabilidad afectiva, límites, acuerdos y amor propio.

Y quiero hacerlo desde dos perspectivas que para mí son inseparables: la mirada social que nos ayuda a cuestionar aquello que todavía necesitamos cambiar y mi propia experiencia como mujer con discapacidad y como persona que, desde la primera vez que se enamoró, descubrió que era una auténtica enamorada del amor.

Porque quizá el verdadero reto no sea conseguir que todas las historias de amor se parezcan.

Quizá sea conseguir que todas las personas puedan vivir la suya con libertad.

Amar cuando la discapacidad también forma parte de la historia

Cuando hablamos de discapacidad, muchas veces la conversación comienza y termina en aquello que una persona necesita.

Necesita apoyo.

Necesita accesibilidad.

Necesita ayuda para determinadas actividades.

Necesita adaptaciones.

Todas esas cuestiones pueden ser importantes, pero una persona es mucho más que sus necesidades.

También tiene ilusiones.

Tiene amistades.

Tiene proyectos.

Tiene deseos.

Tiene una vida emocional.

Y puede enamorarse.

Durante mucho tiempo, la imagen social de las personas con discapacidad estuvo asociada principalmente a la dependencia, la protección o los cuidados. Esa mirada hizo que otras dimensiones de nuestra vida quedaran prácticamente fuera de la conversación.

Una de ellas fue el amor.

Como si una persona que necesita apoyos no pudiera ser también una persona que quiere compartir su vida con alguien.

Como si necesitar ayuda para determinadas actividades significara necesitar que otra persona decidiera también sobre nuestros sentimientos.

Como si discapacidad y autonomía fueran conceptos incompatibles.

Pero necesitar apoyos no significa renunciar a decidir.

Y necesitar ayuda no significa dejar de tener derecho a elegir a quién queremos, cómo queremos relacionarnos o qué tipo de vida afectiva deseamos construir.

Todas las personas merecemos poder vivir nuestra vida afectiva desde la libertad, el respeto y la dignidad.

Cuando durante años se pensó que las personas con discapacidad no podían amar

Durante generaciones se transmitieron ideas que hoy podemos reconocer como profundamente injustas.

A muchas personas con discapacidad se les hizo creer, de una manera directa o indirecta, que determinadas experiencias no estaban hechas para ellas.

Estudiar quizá sí.

Trabajar, si las circunstancias lo permitían.

Pero enamorarse.

Tener pareja.

Sentir deseo.

Formar una familia.

Construir una vida independiente.

Eso parecía pertenecer a otro mundo.

Incluso quienes hemos crecido en épocas más recientes podemos haber interiorizado alguna de esas ideas.

Yo misma, especialmente durante algunos momentos de mi juventud, llegué a preguntarme si mis necesidades podían colocarme fuera del mapa del deseo.

Como si las personas con discapacidad no sintiéramos atracción.

Como si no supiéramos amar.

Como si no pudiéramos resultar atractivas para otra persona.

Como si alguien que se enamorara de nosotras tuviera que hacerlo necesariamente desde la compasión.

Y no.

No solo es falso.

También es cruel.

Las personas con discapacidad sentimos, deseamos, nos ilusionamos, tenemos miedo, nos equivocamos, disfrutamos, sufrimos y amamos.

La diferencia no está en nuestra capacidad para sentir.

Muchas veces está en la mirada que los demás ponen sobre nosotros.

Una mirada que puede infantilizarnos, protegernos en exceso o sorprenderse cuando descubrimos que también tenemos una vida afectiva.

Por eso visibilizar el amor y la sexualidad de las personas con discapacidad no consiste en presentar algo extraordinario.

Consiste en normalizar una realidad que siempre ha existido.

Los prejuicios que todavía aparecen cuando una persona con discapacidad tiene pareja

Aunque la sociedad ha cambiado, algunos prejuicios continúan apareciendo de maneras mucho más sutiles.

A veces llegan en forma de pregunta.

Otras, como comentario aparentemente inocente.

—¿Eres su cuidadora?

—Tu novio también tiene discapacidad, ¿verdad?

—¡Qué buena persona es tu pareja!

—¡Qué suerte has tenido de encontrar a alguien así!

Son frases que quizá no pretendan hacer daño.

Pero pueden esconder una idea muy concreta: que una persona con discapacidad debería sentirse especialmente afortunada simplemente porque alguien ha decidido amarla.

Como si estar con una persona con discapacidad fuera un acto de generosidad.

Como si una pareja tuviera que justificarse.

Como si el amor necesitara una explicación cuando uno de sus miembros tiene discapacidad.

Pero una relación no debería medirse por quién cuida más a quién.

Ni por quién hace más sacrificios.

Ni por la cantidad de apoyos que necesita una de las personas.

Una pareja está formada por dos personas que se eligen y que construyen una relación desde sus propias circunstancias.

Habrá relaciones entre personas con discapacidad.

Habrá relaciones entre personas con y sin discapacidad.

Habrá parejas que necesiten determinados apoyos.

Habrá otras que no.

Y habrá relaciones de todo tipo, porque la diversidad también existe dentro del amor.

Parejas con y sin discapacidad: una relación no necesita explicaciones

He conocido y he visto relaciones entre personas con y sin discapacidad llenas de verdad.

Relaciones que no tienen nada que ver con la lástima y sí mucho con el crecimiento mutuo.

Una relación sana no se construye porque una persona «salve» a otra.

Se construye cuando dos personas se reconocen como iguales en dignidad y derechos, aunque sus necesidades, capacidades o circunstancias sean diferentes.

Una persona puede necesitar apoyo físico y, al mismo tiempo, aportar compañía, comprensión, estabilidad emocional, sentido del humor, cariño, confianza, conversación o cualquier otra de las muchas cosas que sostienen una relación.

Porque ¿acaso existe alguna pareja en la que solo una persona aporte algo?

Todas las personas necesitamos apoyo en determinados momentos de nuestra vida.

A veces es físico.

Otras veces emocional.

En ocasiones económico.

También podemos necesitar que alguien nos escuche, nos anime, nos acompañe o simplemente permanezca a nuestro lado cuando las cosas no salen como esperábamos.

La reciprocidad no significa que ambos miembros de una pareja hagan exactamente lo mismo.

Significa que ambos aportan y que ambos sienten que reciben.

Por eso, una relación entre una persona con discapacidad y otra sin discapacidad no debería interpretarse automáticamente desde la idea del sacrificio.

Puede ser simplemente una relación.

Con sus momentos buenos y malos.

Con sus acuerdos.

Con sus discusiones.

Con sus proyectos.

Y, sobre todo, con dos personas que han decidido compartir una parte de su vida.

Cuando dos personas con discapacidad se enamoran

También existen prejuicios cuando dos personas con discapacidad forman una pareja.

En esos casos aparecen preguntas sobre su autonomía, su futuro o su capacidad para tomar decisiones.

¿Quién les ayuda?

¿Pueden vivir solos?

¿Podrán mantener la relación?

¿Quién se ocupará de quién?

Preguntas que muchas veces se formulan antes incluso de conocer a las personas.

Pero dos personas con discapacidad también pueden construir una relación basada en la confianza, la comunicación y el conocimiento profundo de sus propias necesidades.

Incluso puede existir una comprensión muy especial cuando ambas personas conocen desde dentro determinadas experiencias.

Hablar de límites puede resultar más natural.

Hablar del cuerpo puede generar menos miedo.

Explicar determinadas dificultades puede ser más sencillo.

Y descubrir formas de autonomía compartida puede convertirse en una parte importante de la relación.

Pero tampoco debemos caer en el extremo contrario.

No todas las personas con discapacidad tienen que buscar pareja en alguien que también tenga discapacidad.

La discapacidad no determina nuestra orientación afectiva ni nuestras preferencias.

Cada persona debe poder elegir libremente a quién quiere amar.

Porque la inclusión también significa poder elegir nuestras relaciones sin que otros decidan qué pareja sería «más adecuada» para nosotros.

Amor, sexualidad y derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo

Hablar de amor también significa hablar de sexualidad.

Y este continúa siendo uno de los grandes temas que durante mucho tiempo han permanecido ocultos cuando hablamos de discapacidad.

Las personas con discapacidad somos seres sexuados.

Tenemos deseos, preferencias, intimidad y derecho a explorar nuestra sexualidad de acuerdo con nuestras decisiones y circunstancias.

No todos los cuerpos funcionan de la misma manera.

No todas las personas sienten del mismo modo.

No todas las parejas tienen las mismas necesidades.

Pero las diferencias forman parte de la diversidad humana.

La sexualidad no desaparece porque exista una discapacidad.

Puede necesitar comunicación, adaptaciones, más tiempo, apoyos o formas diferentes de expresar el deseo.

Y todo eso no convierte una relación en menos válida.

Al contrario.

Una relación íntima basada en la confianza requiere aprender a hablar sobre aquello que nos gusta, aquello que no queremos, aquello que necesitamos y aquello que estamos dispuestos a descubrir juntos.

La sexualidad también forma parte del derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo.

Por eso no debería tratarse como un tema incómodo que hay que evitar.

Hablar de ello con naturalidad también es una forma de combatir prejuicios.

El proyecto de vida: pareja, familia y decisiones personales

Algo parecido ocurre cuando hablamos de maternidad y paternidad.

Todavía existe una tendencia a asociar discapacidad con imposibilidad.

Como si tener una discapacidad significara automáticamente no poder formar una familia.

Sin embargo, las circunstancias de cada persona son diferentes.

Algunas personas querrán ser madres o padres.

Otras no.

Algunas querrán tener pareja.

Otras preferirán vivir solas.

Habrá quienes quieran compartir su vida con otra persona y quienes encuentren su bienestar en otros vínculos.

Lo importante no es que todas las personas sigamos el mismo modelo.

Lo importante es que podamos construir nuestro propio proyecto de vida.

Con los apoyos necesarios.

Con información suficiente.

Y, sobre todo, con capacidad para decidir.

Porque la autonomía no significa necesariamente hacerlo todo sin ayuda.

Significa poder participar en las decisiones sobre nuestra propia vida.

La comunicación también ha cambiado nuestra manera de relacionarnos

Las formas de relacionarnos han cambiado muchísimo durante las últimas décadas.

Cuando pensamos en cómo se conocían las personas hace años, imaginamos conversaciones cara a cara, llamadas telefónicas, cartas o encuentros organizados a través de amigos y familiares.

Después llegaron los mensajes de texto, Messenger, Tuenti y las primeras redes sociales.

Hoy contamos con WhatsApp, Instagram, videollamadas, aplicaciones para conocer personas y muchas otras herramientas que han transformado nuestra manera de comunicarnos.

Esta evolución también ha tenido importancia para las personas con discapacidad.

La tecnología puede facilitar que una persona mantenga contacto con su familia y sus amistades cuando existen dificultades para desplazarse.

Puede permitir conocer gente nueva.

Puede facilitar conversaciones que quizá resulten más difíciles cara a cara.

Puede reducir determinadas barreras relacionadas con la distancia.

Y también puede ofrecer nuevas oportunidades para conocer a alguien con quien compartir intereses.

Pero la tecnología no elimina todos los obstáculos.

También aparecen otros.

La imagen que mostramos en internet puede no coincidir con la realidad.

Pueden existir prejuicios.

Pueden aparecer preguntas invasivas.

Y algunas personas siguen sintiendo que deben explicar su discapacidad antes de poder ser vistas simplemente como personas.

Por eso la tecnología puede abrir puertas, pero la forma en que utilizamos esas puertas depende de nosotros.

De las primeras conversaciones a las nuevas formas de encontrar pareja

La manera de conocer a otras personas también ha cambiado.

Antes podía ser habitual que las relaciones surgieran principalmente en el colegio, el instituto, el trabajo, los grupos de amigos o los lugares de ocio.

Hoy podemos conocer a alguien que vive a kilómetros de distancia en cuestión de minutos.

Las aplicaciones y redes sociales han ampliado enormemente las posibilidades.

Para algunas personas con discapacidad esto puede suponer una oportunidad especialmente importante para ampliar su círculo social y conocer personas fuera de los espacios habituales.

Pero también exige aprender a establecer límites.

No todo el mundo que aparece detrás de una pantalla tiene buenas intenciones.

Y ninguna persona debe sentirse obligada a compartir información personal, fotografías, datos íntimos o cualquier otro contenido simplemente porque alguien se lo solicite.

Encontrar pareja también implica aprender a proteger nuestra intimidad y nuestra seguridad.

Porque tener derecho a amar también significa tener derecho a decir «no».

La comunicación dentro de la pareja: hablar también es cuidar

Una relación no puede construirse únicamente con sentimientos.

El amor puede ser el comienzo.

Pero después hay que aprender a comunicarse.

Hablar de lo que necesitamos.

Explicar aquello que nos preocupa.

Decir cuando algo nos molesta.

Reconocer nuestros errores.

Escuchar al otro.

Preguntar en lugar de dar por hecho.

Y aprender a expresar lo que sentimos sin convertir cada conversación en una batalla.

La comunicación adquiere todavía más importancia cuando existen necesidades de apoyo diferentes.

Pero no debería utilizarse la discapacidad como excusa para evitar conversaciones difíciles.

Todos tenemos derecho a expresar nuestros límites.

Todos tenemos derecho a cambiar de opinión.

Todos tenemos derecho a pedir algo diferente.

Y todos tenemos derecho a escuchar un «no».

Porque una relación sana no consiste en conseguir que la otra persona haga siempre lo que queremos.

Consiste en encontrar formas de convivir en las que ambos puedan sentirse respetados.

Responsabilidad afectiva: querer también significa cuidar cómo nos relacionamos

En los últimos años hemos empezado a escuchar con mayor frecuencia una expresión que considero especialmente importante: responsabilidad afectiva.

No significa hacernos responsables de todas las emociones de nuestra pareja.

Nadie puede garantizar que otra persona nunca vaya a sufrir.

Tampoco significa renunciar a nuestras propias necesidades para evitar conflictos.

La responsabilidad afectiva consiste en comprender que nuestras palabras, decisiones y comportamientos pueden tener consecuencias en otras personas y actuar teniendo en cuenta esa realidad.

Significa ser honestos.

No mantener a alguien en una relación basada en falsas expectativas.

Hablar cuando algo cambia.

Expresar aquello que queremos y aquello que no queremos.

Respetar los límites.

No utilizar el silencio como castigo.

No manipular.

No convertir la dependencia emocional en una forma de control.

Y asumir que terminar una relación también puede hacerse desde el respeto.

La responsabilidad afectiva no garantiza que una ruptura no duela.

Pero sí puede evitar que el dolor venga acompañado de engaño, desprecio o falta de consideración.

Y esto es importante para todas las personas, tengan o no discapacidad.

Cada pareja construye sus propios acuerdos

No existe un manual universal para tener una relación feliz.

Cada pareja tiene su propia manera de organizarse.

Hay parejas que necesitan hablar todos los días.

Otras necesitan más espacio.

Algunas comparten prácticamente todo.

Otras mantienen actividades independientes.

Algunas quieren convivir.

Otras prefieren vivir en casas diferentes.

Algunas tienen unas normas muy concretas sobre la relación.

Otras funcionan de una manera completamente distinta.

Y ninguna de estas opciones tiene que ser válida para todo el mundo.

Cada pareja puede establecer sus propios acuerdos y pactos.

Lo importante es que sean conocidos por ambas personas, aceptados libremente y revisados cuando las circunstancias cambien.

Esos acuerdos pertenecen a la pareja.

No a la familia.

No a los amigos.

No a las redes sociales.

No a las personas que observan desde fuera.

El entorno puede aconsejar cuando alguien lo pide.

Puede acompañar.

Puede preocuparse si observa una situación de violencia o abuso.

Pero no debería decidir cómo debe vivir una pareja su relación simplemente porque no entiende sus acuerdos.

Especialmente cuando hablamos de personas con discapacidad, existe el riesgo de que familiares o profesionales terminen ocupando un espacio que corresponde a la propia persona.

Proteger no puede significar sustituir la capacidad de decidir.

Cuando el entorno opina sobre una relación que no le pertenece

Todos hemos escuchado alguna vez opiniones sobre parejas ajenas.

Que si deberían estar juntos.

Que si uno merece algo mejor.

Que si pasan demasiado tiempo juntos.

Que si deberían casarse.

Que si deberían separarse.

Cuando existe discapacidad, esas opiniones pueden ser todavía más invasivas.

Porque algunas personas sienten que tienen derecho a decidir si una relación es adecuada simplemente porque creen que una de las personas necesita protección.

Pero una pareja tiene derecho a construir su intimidad.

Tiene derecho a equivocarse.

Tiene derecho a aprender.

Tiene derecho a establecer sus propios límites.

Y también tiene derecho a terminar una relación cuando considera que ya no funciona.

La discapacidad no debería convertir una relación adulta en un asunto público.

Las heridas que dejan las relaciones y lo que podemos aprender de ellas

No todas las historias de amor terminan bien.

Y eso también forma parte de hablar del amor real.

Una ruptura puede dejar una cicatriz invisible.

Al principio puede doler muchísimo.

Puede hacernos sentir perdidos, enfadados, tristes o incluso preguntarnos qué hicimos mal.

Pero con el tiempo algunas heridas se convierten también en aprendizajes.

Cada relación puede enseñarnos algo sobre nosotros mismos.

Sobre aquello que necesitamos.

Sobre aquello que queremos.

Sobre lo que estamos dispuestos a aceptar.

Y también sobre lo que nunca volveremos a permitir.

Una relación que termina no significa necesariamente que haya sido un fracaso.

A veces significa que dos personas han dejado de necesitar lo mismo.

O que han descubierto que sus caminos deben continuar por separado.

Aprender a cerrar una etapa también forma parte de crecer.

Y, en mi caso, cada ruptura ha dejado una cicatriz invisible que con el tiempo se ha transformado en conocimiento.

Hoy sé mejor qué quiero.

Pero también sé qué no quiero.

Y esa diferencia puede ayudar a construir relaciones futuras más sanas, igualitarias y respetuosas en ambas direcciones.

Mi manera de entender el amor: una enamorada del amor

Ahora quiero hablar desde una parte mucho más personal.

Desde mis emociones.

Desde mis sentimientos.

Desde esa parte de mí que no puedo explicar únicamente desde la razón.

Desde la primera vez que me enamoré me convertí en una enamorada del amor.

Y quien me conoce bien sabe que no sé querer poquito.

Tampoco quiero aprender.

Soy un todo o nada.

Creo firmemente que existen muchos tipos de amor.

Está el amor hacia nuestra familia.

El amor de amistad.

El amor que sentimos por las personas que forman parte de nuestra vida.

Y también está el amor de pareja.

Pero hay algo que he aprendido con los años: incluso el amor de pareja nunca es exactamente igual.

Cada persona nos despierta algo diferente.

Cada relación nos enseña algo distinto.

Cada historia tiene su propia manera de comenzar, de crecer y, algunas veces, de terminar.

Y precisamente por eso no creo que exista una única manera de amar.

Elegirme a mí misma: el amor propio como decisión

Ahora mismo no está entre mis planes tener pareja.

Y, sin embargo, eso no significa que haya dejado de creer en el amor.

Significa que hoy estoy viviendo una etapa diferente.

Una etapa en la que he decidido manifestar uno de los amores más importantes de todos: el amor propio.

Porque nuestra felicidad nunca debería depender completamente de otra persona.

Una pareja puede compartir nuestra felicidad.

Puede acompañarnos.

Puede hacernos sentir queridos.

Puede convertirse en una parte maravillosa de nuestra vida.

Pero no debería ser la única razón por la que sintamos que nuestra vida merece la pena.

Por eso, hoy, frente a mí misma, me elijo.

Sin expectativas ajenas.

Sin condiciones.

Y con la decisión de aprender a quererme también en aquellos días en los que no me resulte tan fácil.

Las promesas que hoy me hago

Hoy me prometo amor del que permanece.

Me prometo ser fiel a mi esencia, incluso cuando el mundo intente desviarme de ella.

Prometo confiar en mi intuición y no fallarme a mí misma.

Prometo hacer lo que quiera en cada momento, sin actuar únicamente por obligación o compromiso.

Prometo quererme y valorarme siempre.

Prometo no olvidarme de conquistarme cada día, aprendiendo también a reconocer todo lo bueno que hay en mí.

Me prometo permitirme expresar mis emociones y mis sentimientos porque también forman parte de mi bienestar.

Me prometo hacer escuchar mi voz, sostener mis decisiones, defender mis deseos y no minimizarlos.

Me prometo luchar por mis metas y mis sueños, aunque el camino sea lento y aunque algunas veces dude.

Me prometo ser realista y compasiva con mis propias expectativas y no exigirme más de lo que puedo dar.

Prometo dejarme llevar un poco más y disfrutar al máximo de aquello que llegue a mi vida.

Prometo no aceptar menos de lo que merezco.

Y también aprender a no dar constantemente más de lo que recibo.

Todas estas promesas me las hago porque hoy entiendo que mi felicidad no es una meta lejana.

Es una construcción diaria.

La felicidad que merezco nace de mí, se cuida en mí y también se refleja en la persona que soy.

Hoy me prometo amor.

Seguir creyendo en el amor sin necesitarlo para ser feliz

Como he dicho al principio, soy una enamorada del amor.

Y me niego a tener que renunciar a él.

Creo firmemente que nunca es tarde para enamorarse.

Por eso sigo teniendo ilusión.

Sigo manteniendo viva la esperanza de que, en algún momento, pueda llegar una persona con la que compartir una parte de mi camino y hacernos felices mutuamente.

Pero hoy puedo decir algo que quizá antes no tenía tan claro.

Quiero encontrar el amor.

Pero no necesito encontrarlo para sentir que mi vida está completa.

Si algún día llega esa persona, quiero que encuentre a una mujer que ya se quiere, que conoce sus límites, que sabe lo que quiere y que ha aprendido a no perderse dentro de una relación.

Quiero compartir.

No depender.

Quiero construir.

No renunciar.

Quiero querer.

Sin dejar de quererme.

Y si esa persona no llega, también sé que mi vida seguirá estando llena de amor.

Está el cariño de mi familia.

Están mis amigos.

Están las personas que me acompañan.

Están mis proyectos, mis ilusiones, mis sueños y todas aquellas cosas que hacen que mi vida tenga sentido.

Porque una vida plena no tiene una única forma.

El amor como parte de una sociedad verdaderamente inclusiva

Quizá todo lo que hemos hablado hasta ahora nos lleve a una reflexión más amplia.

Si queremos construir una sociedad inclusiva, también debemos preguntarnos qué lugar dejamos al amor, a la intimidad y a las relaciones personales.

Porque la inclusión no consiste únicamente en poder entrar en un edificio.

Tampoco termina cuando conseguimos estudiar, trabajar o utilizar un transporte accesible.

Una vida plena también incluye poder tener amigos.

Salir.

Conocer personas.

Enamorarse.

Tener intimidad.

Decidir si queremos pareja.

Decidir si queremos formar una familia.

Y poder terminar una relación cuando ya no queremos continuar.

Estas posibilidades deberían formar parte de la conversación sobre inclusión.

Y no solo cuando hablamos de discapacidad.

También cuando hablamos de personas mayores que sufren soledad no deseada, personas con problemas de salud mental, personas migrantes, personas pertenecientes a minorías sociales o cualquier otro colectivo cuyos deseos y relaciones hayan sido históricamente invisibilizados.

Porque detrás de cualquier etiqueta sigue existiendo una persona que quiere ser escuchada, respetada y reconocida en toda su dimensión.

La diversidad afectiva también forma parte de la diversidad humana.

Reflexión final

San Valentín puede parecer una fecha dedicada únicamente a las parejas.

Pero quizá podamos aprovecharla para hablar de algo mucho más amplio.

Del derecho a amar.

Del derecho a no amar si no queremos.

Del derecho a elegir.

Del derecho a poner límites.

Del derecho a cambiar de opinión.

Del derecho a terminar una relación.

Del derecho a vivir nuestra intimidad sin que otras personas decidan por nosotros.

Y también del derecho a querernos a nosotros mismos.

Durante demasiado tiempo, cuando una persona con discapacidad hablaba de amor, la sociedad parecía preguntarse primero si podía tener pareja antes de preguntarse algo mucho más importante: ¿qué quiere esa persona para su propia vida?

Creo que necesitamos cambiar esa pregunta.

No se trata de demostrar que las personas con discapacidad también podemos amar.

Eso ya lo hacemos.

Se trata de conseguir que nadie tenga que demostrarlo.

Se trata de que una pareja con una persona con discapacidad deje de ser vista como algo excepcional.

De que dos personas con discapacidad puedan vivir su relación sin que otros cuestionen automáticamente su autonomía.

De que la sexualidad deje de ser un tema tabú.

De que las familias aprendan a acompañar sin decidir.

De que los profesionales apoyen sin sustituir.

De que los amigos aconsejen sin invadir.

Y de que cada pareja pueda construir sus propios acuerdos desde la libertad, el respeto y la responsabilidad afectiva.

Porque quizá una sociedad verdaderamente inclusiva no sea aquella que simplemente permite que las personas con discapacidad estén presentes.

Sea aquella que también reconoce que tienen derecho a vivir todas las dimensiones de la vida.

También la afectiva.

También la íntima.

También la sentimental.

Y también la posibilidad de equivocarse, aprender y volver a empezar.

Yo no sé qué ocurrirá en el futuro.

No sé si llegará esa persona que algún día comparta conmigo una nueva historia de amor.

Pero sí sé algo.

No quiero dejar de creer en el amor.

Y tampoco quiero volver a olvidarme de mí misma por encontrarlo.

Como dijo Frida Kahlo: «Enamórate de ti, de la vida, y luego, de quien tú quieras».

Y quizá ese sea precisamente el orden que hoy quiero elegir.

Primero, quererme.

Después, disfrutar de la vida.

Y si algún día llega alguien con quien compartirla, que sea para sumar, no para completar aquello que ya soy.

Porque hoy puedo decir que me quiero.

Y también que soy querida.

Y eso, por sí mismo, ya es una forma de celebrar el amor.

Frase de cierre

Porque el amor no debería preguntarnos qué podemos ofrecer desde nuestras diferencias, sino descubrir todo lo que podemos construir cuando dos personas se eligen desde la libertad, el respeto y la igualdad.


#DíaDelAmorYLaAmistad #SanValentín #AmorSinEtiquetas #ResponsabilidadAfectiva #DiversidadAfectiva #Discapacidad #LGTBIQ+ #AmorPropio #Inclusión #ConcienciaSocial


✦ ✦ ✦

Viviendo a través de la Parálisis Cerebral

Un espacio de divulgación social donde la experiencia, el conocimiento y la accesibilidad se unen para comprender la discapacidad y otras realidades invisibilizadas, promoviendo una sociedad más inclusiva, comprometida y humana.

Comentarios

Canal de YouTube Viviendo a través de la Parálisis Cerebral

Accesibilidad de los vídeos: el reproductor se puede manejar con teclado y se solicitan subtítulos en español cuando estén disponibles. Las ayudas de cada vídeo dependen de lo que esté publicado en YouTube.

El reproductor se actualiza automáticamente con los vídeos públicos de esta lista de reproducción.

Calendario de discapacidad, inclusión y ámbito social

Lun
Mar
Mié
Jue
Vie
Sáb
Dom

Contenido de este mes

Cargando…

📢 Próximas publicaciones

Cargando fechas de publicaciones…

📅 Calendario de discapacidad, inclusión y ámbito social

Las efemérides incorporadas se repiten automáticamente cada año. Con «Añadir contenido» puedes crear tus propias fechas con título, descripción y enlace. Los contenidos añadidos mediante el formulario público se guardan en el calendario central y pueden verse desde cualquier dispositivo.

Entradas populares de este blog

Más amor, cero bullying

Los niños de hoy son el futuro de mañana   y   la educación es la base de su pensamiento y personalidad, de ahí la importancia de educar en tener una visión positiva sobre cada uno y también en el    respeto hacia los demás, ya que antes de juzgar a alguien    ponte en sus zapatos, recorre el camino que recorrió y entonces ahí podrás juzgarle!!   La escuela debe ser un lugar donde poder sentirse seguros, por eso   es muy importante que los niños y jóvenes conozcan y tengan los medios y estrategias para terminar con el acoso escolar o bullying, se trata de    la intimación y el maltrato de forma repetida en el ámbito escolar, el agresor busca humillar al agredido. Que hacer si sufres bullying: Pide ayuda.  Nunca respondas a las provocaciones.  Comunica a quienes te acosan que lo que están haciendo te molesta y pídeles que dejen de hacerlo.  Guarda las pruebas del acoso. Trata de hacerles saber que lo que están haciendo es p...

La familia no tiene una sola forma

Introducción: la familia, mucho más que un vínculo de sangre Cada 15 de mayo se celebra el Día Internacional de las Familias, una jornada promovida por las Naciones Unidas para reconocer el papel fundamental que las familias desempeñan en la vida de las personas y en el desarrollo de nuestras sociedades. Sin embargo, esta fecha también nos invita a reflexionar sobre una cuestión que va mucho más allá de la celebración: qué entendemos realmente por familia y por qué es importante reconocer la diversidad de formas en las que puede construirse. Durante mucho tiempo se transmitió la idea de que solo existía un modelo familiar válido. Pero la realidad siempre ha sido mucho más amplia. Hoy convivimos con familias monoparentales, reconstituidas, adoptivas, homoparentales, extensas y también con familias elegidas, formadas por personas que, sin compartir un vínculo biológico, construyen relaciones basadas en el cuidado, el afecto y el compromiso mutuo. Lo que convierte a un grupo de personas e...

Mira desde las capacidades y menos la discapacidad

  La vida comienza con circunstancias que nunca elegimos ser o tener. Esta frase, cobra aún más sentido, cuando hablamos de personas con diversidad funcional, pues me resulta algo súper llamativo, que siempre nos toque a nosotros hacer el mayor esfuerzo para adaptarnos al entorno, en vez de ser a la inversa: debería ser el entorno quien se adecue a nuestras necesidades.   Por eso, tiene tanta importancia hacerlo visible, para garantizar y alcanzar aquello que nos pertenece tener, porque también formamos parte activa de la sociedad, además debemos fomentar una visión más positiva, ya que somos muchísimo más que personas con limitaciones, si se nos brinda la oportunidad, podemos mostrar un mundo de capacidades y romper así con antiguos estereotipos para poner en alza nuestra valía.  En mí pasado, muchas veces se han supuesto mis capacidades sólo por el simple hecho de mi diversidad funcional, a mi parecer desde la ignorancia más absoluta, pero ahí estaba yo d...

Traductor