Ir al contenido principal

Seguidores

“La fuerza invisible de una mujer visible

 


El Día Internacional de la Mujer siempre me obliga de una forma suave, pero inevitable a detenerme. A parar un instante en medio del ruido, del ritmo acelerado de los días, y escuchar algo que muchas veces queda enterrado bajo las prisas: mi propia voz.


No es solo una fecha en el calendario; es, más bien, una pausa necesaria, un pequeño acto de honestidad conmigo misma, un momento para mirar el camino recorrido y reconocer a la mujer que soy hoy, pero también a todas las versiones de mí misma que me trajeron hasta aquí.


Hoy me celebro.


Celebro a la mujer que soy, con mis luces y mis sombras, con mis dudas y mis certezas. Celebro mis cicatrices, porque cada una guarda una historia: una historia de resistencia, de aprendizaje y de transformación.


Celebro también cada miedo que enfrenté y cada paso que di cuando el camino no estaba claro, porque avanzar no siempre significa tener todas las respuestas, a veces, avanzar es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más valiente: decidir no quedarse quieta.


Mi discapacidad ha sido parte de ese camino. No define quién soy, pero sí ha dejado huellas profundas en mi manera de vivir, de sentir y de mirar el mundo, ha moldeado mi carácter, ha afinado mi sensibilidad y me ha enseñado a observar la vida desde lugares que muchas veces permanecen invisibles para los demás,  además , me enseñó algo que pocas veces se reconoce: el valor profundo de los pequeños avances, esas conquistas silenciosas que, desde fuera, pueden parecer insignificantes, pero que, para quien las vive, son auténticas victorias. Porque no todo crecimiento hace ruido y no todo logro necesita aplausos, a veces, lo verdaderamente importante ocurre lejos de los focos, en el silencio de los pasos que nadie ve… pero que lo cambian todo.


Ser mujer hoy todavía significa abrirse camino en una sociedad que, con frecuencia, cuestiona más de lo que reconoce. Y cuando, además, eres una mujer con discapacidad, aparece algo que rara vez se nombra con claridad: una doble invisibilidad, a veces se espera que seas demasiado fuerte como para necesitar apoyo. Otras veces, en cambio, se te percibe demasiado vulnerable como para confiar plenamente en tus capacidades, es una contradicción silenciosa que muchas mujeres conocen demasiado bien.


Con el tiempo he aprendido algo esencial: nadie puede escribir mi historia por mí, ni los prejuicios, ni las expectativas ajenas, ni las etiquetas. La historia que me define es la que elijo construir cada día, paso a paso.


Creo profundamente que todas las personas necesitamos un propósito. El mío nace de algo sencillo y poderoso al mismo tiempo: el deseo de aportar algo positivo al mundo, aunque sea pequeño.


Mis ideas, mi creatividad y mi forma de observar la vida forman parte de ese impulso. Para mí, las ideas son muchas cosas a la vez: motor cuando necesito avanzar, refugio cuando el mundo pesa demasiado y posibilidad cuando todo parece cerrado. Las ideas tienen algo maravilloso: no entienden de límites. Incluso cuando la realidad parece llena de muros, la imaginación siempre encuentra o inventa una puerta.


También convivo con un perfeccionismo que, a veces, me exige más de lo que debería, durante mucho tiempo pensé que todo debía hacerse de la mejor manera posible, sin margen para el error.


Con los años, sin embargo, estoy aprendiendo algo importante: el equilibrio no es un destino, sino un proceso. No todo tiene que ser perfecto para tener valor y no todo tiene que ser impecable para ser significativo, a veces, lo verdaderamente importante es atreverse:

a crear, compartir, y a intentar.


Las mujeres no somos una sola historia, somos  muchas, diversas, complejas, y únicas. Cada experiencia amplía el significado de lo que implica ser mujer hoy,  y, dentro de ese gran mosaico de vivencias, cada voz importa, cada historia aporta una mirada distinta y cada camino abre una nueva forma de entender la vida, la mía también.


Mi discapacidad me ha enseñado que la resiliencia no es solo una palabra bonita que aparece en discursos o en libros, es una práctica diaria: levantarse cuando cuesta, aceptar ayuda cuando hace falta y reconocer la vulnerabilidad sin sentir que eso nos resta valor, porque la vulnerabilidad no nos hace débiles, nos hace humanas.


Hoy puedo decir que me siento orgullosa de quién soy!! Las etapas difíciles no me han quitado valor; al contrario, me han regalado perspectiva, fortaleza y una mirada más profunda sobre la vida, y, aun así, hay algo que me niego a perder: mi niña interior, esa parte curiosa, soñadora y llena de vida que me recuerda que la vida no es solo resistencia, también es juego, descubrimiento y celebración.


Por eso, para mí, el Día Internacional de la Mujer no es solo una conmemoración colectiva, también es un acto íntimo de afirmación, un momento para recordarme que mi historia tiene valor, que mi voz merece ser escuchada y que cada paso que doy forma parte de algo más grande: la construcción de mi propia identidad.


Porque, al final, he entendido algo esencial: no soy solo lo que me ha ocurrido. ni las etiquetas que otros puedan poner sobre mí. Soy la historia que cada día elijo escribir. Y mientras siga escribiéndola con valentía, con esperanza y con verdad, cada paso por pequeño que parezca seguirá siendo también una forma de celebración.

💜✨


#DíaInternacionalDeLaMujer


 #MujeresQueInspiran  


#DiscapacidadVisible 


#EmprenderConPropósito

Comentarios

Canal de YouTube Viviendo a través de la Parálisis Cerebral

Calendario publicaciones

Traductor