¿Qué es el Día Mundial de la Salud y por qué se celebra?
El Día Mundial de la Salud conmemora el aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948. La primera asamblea decidió establecer esta jornada, y su celebración oficial a nivel global comenzó en 1950. Su objetivo principal es concienciar a la población sobre temas cruciales de salud pública y fomentar acciones que mejoren las condiciones sanitarias a nivel internacional.
No hay salud real sin accesibilidad, y no hay inclusión sin entender la discapacidad desde la vida diaria.
Para mí, la salud nunca ha sido algo que simplemente “está ahí”. Siempre he sido muy consciente de ella, quizá porque desde pequeña he tenido que enfrentarme a lo que significa no tenerla del todo. Muchas veces se dice que la salud es un estado de bienestar, y es verdad. Pero también es cierto que, mientras estamos bien, no le damos demasiada importancia. Vivimos, hacemos planes, seguimos nuestro ritmo… hasta que algo falla. Y es ahí, cuando te ves obligado a parar, cuando realmente te das cuenta de lo importante que es.
En mi infancia tuve muchos problemas de salud derivados de mi patología, la parálisis cerebral. Pasé por varias operaciones en las piernas debido a la luxación de caderas. Recuerdo esa etapa como un proceso constante de hospitales, recuperación y adaptación. No fue fácil, pero con el tiempo esa etapa terminó. O al menos, terminó en parte. Porque crecer no significa que todo desaparezca.
Ahora, en mi vida adulta, sigo conviviendo con distintas dolencias. Mi salud no es perfecta, y probablemente nunca lo será. Pero he aprendido a gestionarla: con medicación, tratamientos, infiltraciones y, sobre todo, fisioterapia constante. No es solo una cuestión de aliviar el dolor; es una forma de mantener mi cuerpo, conservar mis capacidades y evitar que el deterioro avance más rápido.
Durante mucho tiempo he sentido que el mayor obstáculo no es mi condición en sí, sino todo lo que me rodea. Porque no, el problema no es tener una discapacidad; el problema es encontrarte con un entorno que no está pensado para ti. No es mi cuerpo el que me impide acceder a ciertos lugares, son las barreras que siguen estando ahí. No es mi condición la que limita mi participación, es la falta de accesibilidad.
Cada vez que llega el Día Mundial de la Salud, escucho hablar de bienestar como si todos partiéramos del mismo punto. Como si cuidar la salud fuera igual de sencillo para todo el mundo. Pero no lo es. La OMS habla de la salud como un bienestar físico, mental y social, y eso suena bien, pero en la práctica ese bienestar no es real si no puedes acceder a lo básico.
Porque no solo importa poder entrar a un centro médico: importa poder expresarte, entender lo que te dicen y participar en las decisiones sobre tu propio cuerpo. Y no todo el mundo puede hacerlo de la misma manera. Hay personas que no pueden comunicarse a través del habla de forma convencional, y aun así muchas veces el sistema sanitario no está preparado para eso.
Yo misma he vivido situaciones en las que explicar cómo me siento, qué me duele o qué necesito no es tan sencillo como debería ser. Por eso, los Sistemas Aumentativos y Alternativos de la Comunicación (SAAC) no son una herramienta secundaria, sino una necesidad real. Hablo de tableros de comunicación con pictogramas, aplicaciones móviles, dispositivos con voz sintetizada o sistemas basados en imágenes o gestos. Herramientas como Proloquo2Go o los pictogramas de ARASAAC pueden marcar la diferencia entre poder expresarte… o quedarte en silencio.
No poder comunicarte bien puede afectar directamente a un diagnóstico, un tratamiento o tu propia seguridad. Pero cuando estos sistemas están disponibles y se usan correctamente, cambian radicalmente la experiencia sanitaria. Permiten participar activamente en los cuidados, comprender instrucciones médicas, dar tu consentimiento informado y expresar cómo te sientes realmente, reduciendo estrés y ansiedad.
Creo que uno de los mayores errores es seguir viendo la accesibilidad como algo secundario, como si fuera un extra que se pudiera dejar para más adelante. Pero no debería funcionar así. Cuando no se tiene en cuenta desde el principio, lo que se está haciendo, aunque no se diga, es dejar fuera a una parte de la sociedad. La accesibilidad no es un extra: es la base de la autonomía y de la dignidad.
El Día Mundial de la Salud está bien para visibilizar, pero la realidad va mucho más allá de una fecha. Yo no espero un trato especial. Solo espero poder vivir, comunicarme y cuidar mi salud en igualdad de condiciones. Porque al final, no se trata solo de hablar de salud; se trata de que realmente sea para todos. Yo no quiero más que nadie. Pero tampoco menos. Solo quiero vivir, cuidarme y participar en el mundo en las mismas condiciones que el resto.
También he aprendido que el valor de la salud no siempre se entiende mientras la tenemos. Muchas veces pasa desapercibida, como si fuera algo garantizado, hasta que se vuelve frágil o inaccesible. Y es en ese momento cuando todo cambia: lo cotidiano se vuelve esfuerzo, y lo básico, un reto.
Cuidar de nuestra salud no debería ser un privilegio; debería ser un derecho que todos podamos ejercer, todos los días, sin excepción. Por eso, hablar de salud no es solo hablar de bienestar, sino de la posibilidad real de vivir con dignidad, autonomía y participación.
La verdadera salud se construye cuando nadie queda excluido y todos podemos acceder a ella.
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