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Decidí elegirme: las promesas que sanan el corazón

 


Hoy escribo desde mis emociones más puras, desde ese lugar donde habitan los sentimientos que no saben fingir.

Desde la primera vez que me enamoré me convertí, sin remedio, en una enamorada del amor. Enamoradiza por naturaleza. Quien me conoce de verdad lo sabe: no sé querer poquito… y tampoco quiero aprender. Soy un todo o nada. Siempre lo he sido.

Creo firmemente que existen muchos tipos de amor. El amor hacia la familia, hacia los amigos, hacia una pareja. Y también creo que con cada persona vivimos un amor distinto, único, irrepetible. El amor nunca se repite, se transforma.

Reconozco que mi historia con el amor no tiene demasiados capítulos, pero sí han sido intensos, profundos, de esos que dejan huella. Porque el amor es un sentimiento vivo, que evoluciona, que cambia, que se siente en el corazón y también en la piel. Y todo lo que se siente tiene consecuencias. A veces son hermosas y nos conducen a la felicidad; otras, duelen y nos dejan un corazón roto.

Eso ocurre porque cuando estamos ilusionados, o cuando estamos enamorados, nos dejamos llevar por lo que sentimos en el momento y no siempre somos capaces de pensar más allá. Sin embargo, hay algo que debemos entender: la responsabilidad afectiva existe. Cada persona es responsable de cómo hace sentir a los demás. En el amor, esto es un factor determinante. Puede ayudar a que quien has querido a que comprenda que una etapa termina… o puede destrozar, si se actúa desde el egoísmo, sin pensar en el daño que se causa.

Por eso hoy tengo claro algo: nuestra felicidad nunca debe depender de otra persona.

Desde hace algún tiempo estoy reconstruyendo mi corazón.

Cada ruptura deja una cicatriz invisible. Al principio duele intensamente, tanto que duele vivir. Pero con el tiempo, esas cicatrices se convierten en aprendizajes. Aprendizajes que me enseñan qué estoy dispuesta a aceptar en futuras relaciones y, sobre todo, qué no volveré a permitir jamás. Todo con un único objetivo: construir algún día un amor sano, igualitario y respetuoso en ambas direcciones.

Y como ahora mismo no entra en mis planes tener pareja, he decidido manifestar el amor más importante de todos: el amor propio, el quererme a mí misma 

Por eso hoy me hago estas promesas:

Prometo ser siempre fiel a mi esencia.

Prometo confiar en mi intuición y no volver a fallarme.

Prometo hacer lo que quiera en cada momento,  no actuar por obligación o por compromiso 

Prometo quererme y valorarme cada día.

Prometo conquistarme a mí misma, aprendiendo a ver todo lo bueno que hay en mí.

Prometo permitirme sentir, expresar mis emociones por mi bienestar 

Prometo alzar mi voz, defender mis decisiones y respetar mis deseos.

Prometo luchar por mis metas y mis sueños.

Prometo ser realista conmigo y con mis expectativas, y no exigirme más de lo que pueda dar.

Prometo dejarme llevar más y disfrutar de todo lo que llegue a mi vida, porque será para mí.

Prometo no aceptar menos de lo que merezco ni dar más de lo que recibo.

Me hago estas promesas porque hablo a menudo de alcanzar mi felicidad y cada vez soy más consciente de que esa felicidad debe nacer dentro de mí. Y deseo que se refleje en todo lo que soy.

En un mundo donde las promesas parecen hacerse para romperse, quizás ha llegado el momento de devolverles su valor. Porque el amor propio es la fuente de todos los amores. Amarse a uno mismo es el comienzo de un romance que dura toda la vida. La felicidad es el motor para vivir. Cuando uno es feliz consigo mismo, puede amar mejor, dar más y recibir de quienes realmente importan. Por eso, desde hoy y para siempre, me deseo el amor más grande y bonito de todos: el amor hacia mí misma. Para ser feliz yo… y para amar con más fuerza a las personas que quiero.

Soy una enamorada del amor y me niego a renunciar a él. Creo firmemente que nunca es tarde para enamorarse. Por eso mantengo viva la ilusión y la esperanza de que algún día llegue esa persona que camine a mi lado y nos hagamos felices.

Y si ese día no llega, tengo algo igual de valioso: el amor y el cariño de mi familia y mis amigos. Ellos son la certeza de que mi vida ya es plena.

Como dijo Frida Kahlo:

“Enamórate de ti, de la vida y luego de quien tú quieras.”


Hoy es un buen día para celebrar que me quiero… y que soy querida. Feliz día del amor y la amistad. 💖


Viviendo a través de la Parálisis Cerebral

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