A veces, una sola forma de cuantas cosas no es suficiente. Y después de compartir una parte más emocional de este cumpleaños, ahora quería hacerlo desde otro lugar: hoy quiero compartir una publicación muy personal, es una forma de celebrar la vida, celebrando mi pasado, presente pero sobre todo mi futuro.
Un año más de vida, lleno de motivos para celebrar.
Hoy cumplo 38 años y me encuentro en un momento donde me miro orgullosa, me invade una sensación bonita, estoy feliz por haber llegado hasta aquí siendo yo, tal y como soy, recuperando una confianza que durante un tiempo he tenido perdida.
Si me paro a mirar atrás, veo una vida llena de momentos de todo tipo: risas que me han llenado, aprendizajes que me han hecho crecer, caídas que me han costado y vueltas a empezar que me han hecho más fuerte. Una vida que no siempre ha sido fácil, pero en definitiva es la que me ha tocado vivir.
Con el tiempo he entendido algo que para mí es importante: todo lo vivido, lo bueno y lo difícil, me ha hecho ser la persona que soy hoy.
No siempre he sido la misma, pero sí he intentado ser fiel a mi esencia. A mi manera, con mis luces y mis sombras, con mis aciertos y mis errores.
He aprendido a escucharme más, a quedarme con lo que me hace bien, a soltar lo que no suma y a dar valor a lo sencillo, que al final es lo que de verdad importa.
Mi discapacidad forma parte de mi historia y por eso quiero reconocer que es lo que me ha dado mi forma de ver la vida. Me ha enseñado a mirar distinto, a fijarme en los detalles y a valorar los pequeños avances.
Con los años, he ido construyendo mi propio camino dentro del ámbito de la discapacidad. Un camino hecho de vivencias que me han permitido entender la realidad no solo desde mi propia historia, sino también desde la de tantas personas que he tenido la suerte de conocer.
Y si algo tengo claro de todo este recorrido es todo lo que me ha dado: lo que he vivido, lo que he aprendido, las personas que se han cruzado en mi camino y las historias que me han dejado. Todo eso ha ido sumando, poco a poco, y hoy forma parte de quién soy. También los recuerdos, los que se quedan conmigo y que, de una forma u otra, me acompañan siempre.
Gracias a todo eso, hoy entiendo la inclusión desde un lugar muy real. No como algo teórico, sino como algo que se vive en el día a día y que es necesario.
Y aunque el camino sigue, sé que todo esto ya es una parte muy importante de mí, tanto a nivel personal como en mi forma de mirar el mundo.
Y con todo lo vivido, lo tengo claro: puedo decir súper orgullosa que me gusta muchísimo quien soy. Porque todo esto me ha traído hasta aquí… a una vida que no es perfecta, pero que es la mía, y eso, para mí, lo es todo.
Me gusta mi vida porque la he construido desde lo que soy, desde lo que tengo y desde todo lo que he ido aprendiendo por el camino.
Y desde aquí no miro atrás con nostalgia, sino con una ilusión bonita por todo lo que está por venir.
Este año no celebro solo el tiempo, celebro el camino.
Ojalá este nuevo año me traiga risas de verdad, conversaciones que suman, abrazos que reconfortan y esa calma que aparece sin buscarla. Pequeños instantes que, sin darte cuenta, acaban siendo los que más recuerdas con el tiempo.
Cada vez tengo más claro que lo importante no es lo extraordinario, sino lo cotidiano bien vivido. Todas las personas que me rodean, las que están, las que me hacen la vida más fácil y llevadera, más alegre, más mía. Eso es lo que de verdad cuenta.
Cuando veo todo lo que forma parte de mi vida hoy, me siento profundamente agradecida. Por mí gente, por los momentos, por todo lo que me ha traído hasta aquí.
Porque al final lo tengo claro: no quiero otra vida diferente. Quiero esta. Con todo lo que tiene, con lo bueno y con lo difícil. La quiero tal y como es… y seguir viviéndola a mi manera. ✨
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