Introducción:
No encontré la fe en lo que me enseñaron, la encontré en mí, en mi corazón, donde guardo mi propia fortaleza.
El 4 de abril se celebra el Día Internacional de la Fe. La mía nació en silencio, se fue construyendo poco a poco, en días difíciles, había algo dentro de mí, que me empujaba a no quedarme parada, hubo etapas en las que seguir dejó de ser una elección y se convirtió en mi única forma de resistir, donde la lógica no alcanzaba.
Durante mucho tiempo no fui consciente de que estaba forjando mi propia fe. Ahí dejó de ser una idea abstracta y se volvió necesaria; no como algo inspirador, sino como un apoyo real cuando todo lo demás falla.
Vivir con una discapacidad es convivir con dificultades que no elegí. Es aprender a moverte dentro de una incertidumbre constante y enfrentarte a una sensación de injusticia difícil de explicar. Pero también es aprender a vivir con preguntas sin respuesta… y, aun así, elegir una vida que merece la pena vivirla a lo grande.
Durante años pensé que la fe, entendida desde la religión, significaba que todo tiene una razón de ser, sin embargo yo no me identifico con esa creencia, aunque respeto profundamente a quienes encuentran en ella su camino, aunque si soy completamente sincera si hay cofradías que me agradan y a las que les tengo un especial respeto y admiración
Porque cuando esa idea se rompe, te enfrentas a lo inexplicable. Y es ahí donde empieza el cambio en mi mentalidad: la necesidad de construirme desde otro lugar, de crear mi propia identidad: entendí que no necesito tenerlo todo claro para avanzar. Dejé de buscar certezas y, en ese cambio, apareció otra forma de fe: más personal; más real, más sincera, más mía.
Crecer con una discapacidad no te hace fuerte de forma innata por vivir con esta condición, pero sí te obliga a mirar la vida desde otro lugar. Uno donde muchas veces hay preguntas sin respuesta y, aun así, tienes que seguir.
Pero también hay una parte que no siempre se ve: me ha dado una mirada curiosa, ganas de aprender de todo lo que me rodea, y además una sensibilidad especial para comprender e interactuar con otras realidades, especialmente las de personas y colectivos vulnerables.
Con el tiempo comprendí algo importante: no creer en una religión no significa vivir sin fe. La mía empezó cuando acepté la incertidumbre como un espacio donde pueden surgir oportunidades, donde hay esperanza, y también nuevos comienzos.
Mi fe no viene de fuera, nace de mí. Es la confianza en mi capacidad de superación y de reconstruirme las veces que haga falta. No elimina el dolor ni la incertidumbre, pero me permite atravesarlos sin quedarme atrapada en ellos.
La he construido desde mis experiencias: cayéndome, levantándome, equivocándome; a veces con el corazón entero, otras en pedazos, pero siempre empezando de nuevo.
Construyo mi historia a mi manera.
Aparece en lo cotidiano: en seguir cuando cuesta, en aceptar lo que no entiendo, en confiar en procesos que no controlo y en reconocer mis dificultades sin dejar que definan quién soy.
También cambió mi forma de entender el control. Antes pensaba que la paz era tener todo bajo control; ahora sé que tiene más que ver con confiar en mi capacidad de adaptarme y transformarme.
Crecer con una discapacidad ha sido un reto constante, sí, pero también una escuela brutal . Me ha obligado a creer en mí cuando no había nada fuera que lo sostuviera, y ahí descubrí algo que no sabía que tenía: una fuerza silenciosa, pero firme. Esa es mi esencia; gracias a ella me reafirmo: sigo aquí, puedo, avanzo.
Mi historia no la definen mis límites, sino cómo los afronto, y hay un propósito: aportar, dejar huella, ayudar a construir un mundo más humano, más consciente, más empático.
Antes me centraba en lo grande, en busca del reconocimiento, ahora me concentro en lo pequeño, porque aunque a veces sea imperceptible, es ahí donde realmente ocurre el impacto.
Al final, así entiendo hoy la fe: no como algo espiritual ni como una certeza absoluta, sino como una convicción profunda. La convicción de que mi historia importa y de que lo que construyo tiene sentido, incluso cuando no puedo explicarlo del todo; Porque creer también es eso: quedarse, resistir, no rendirse.
Me basta con saber que continúo… forjando a la mujer que quiero llegar a ser.
Y es que, a veces, la fe no ilumina el camino… pero sí nos enseña a caminar en la oscuridad.
#DíaDeLaFe #Reflexión #CrecimientoPersonal
Comentarios
Publicar un comentario