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El poder de las palabras: lo que escribir sobre discapacidad me ha enseñado en el Día del Libro

 


Cada 23 de abril, el Día del Libro suele llenarse de recomendaciones literarias, listas de lecturas pendientes, autores favoritos y frases sobre cómo los libros pueden cambiar vidas. Y sinceramente, me parece una forma preciosa de celebrarlo. Los libros tienen una capacidad única para acompañarnos en momentos concretos: a veces llegan justo cuando necesitamos respuestas, otras veces nos ayudan a poner nombre a emociones que no sabíamos explicar y, en muchas ocasiones, simplemente nos hacen sentir menos solas al descubrir que alguien, en algún lugar, vivió algo parecido a lo que estamos sintiendo.


A mí también me ha pasado. Hay libros que llegaron en etapas muy específicas de mi vida y dejaron reflexiones que todavía me acompañan. Frases subrayadas que sigo recordando años después, historias que me hicieron replantearme ideas que daba por sentadas y lecturas que, sin exagerar, cambiaron pequeñas partes de mí. Pero este año quiero vivir el Día del Libro desde un lugar diferente: no desde lo que leo, sino desde lo que escribo y, especialmente, desde todo lo que escribir sobre discapacidad me ha enseñado sobre el poder que tienen las palabras para construir realidades.


Durante mucho tiempo no fui completamente consciente del peso real que puede tener el lenguaje. Como muchas personas, crecí escuchando expresiones que parecían completamente normales porque estaban presentes en conversaciones cotidianas, medios de comunicación, espacios educativos e incluso campañas que supuestamente hablaban de inclusión. Frases repetidas tantas veces que nadie parecía cuestionarlas, palabras usadas “sin mala intención” y narrativas tan normalizadas que parecían neutrales. Precisamente ahí estaba el problema: muchas veces aquello que más normalizado está también es lo menos cuestionado.


Todo empezó a cambiar cuando comencé a escribir sobre discapacidad de forma más consciente. Al principio pensaba que simplemente estaba compartiendo reflexiones personales o visibilizando temas que me parecían importantes. Sin embargo, escribir me obligó a detenerme antes de publicar, antes de opinar y antes de repetir términos que había escuchado durante años sin analizarlos demasiado. Me obligó a investigar más, a leer perspectivas diferentes, a escuchar a otras personas con discapacidad y a cuestionar discursos que durante mucho tiempo fueron aceptados sin demasiado análisis. Pero, sobre todo, me obligó a revisar mi propio lenguaje.


Fue ahí cuando entendí algo que ahora considero fundamental: el lenguaje nunca es completamente neutral. Las palabras que elegimos no solo describen la realidad, también la moldean. Construyen imaginarios colectivos, refuerzan ideas y, muchas veces, sostienen barreras invisibles que después terminan traduciéndose en barreras muy reales.


Cuando hablamos de discapacidad, esto se vuelve especialmente evidente. Durante años —y todavía hoy— muchas narrativas siguen colocando a las personas con discapacidad en lugares extremadamente limitantes. O somos representadas desde la lástima, o somos convertidas en historias de inspiración diseñadas para hacer sentir bien a otras personas o, directamente, somos invisibilizadas. En todos esos casos ocurre algo muy parecido: nuestra humanidad queda reducida, se simplifican nuestras experiencias, se ignoran nuestras contradicciones y muchas veces se habla sobre nosotras sin contar con nosotras.


He visto titulares que convierten vidas completas en frases sensacionalistas. He visto historias donde una persona con discapacidad parece existir únicamente para “dar lecciones de vida”. He visto discursos supuestamente inclusivos que siguen estando cargados de paternalismo. Y cuanto más escribía sobre estos temas, más evidente se volvía algo: las palabras pueden abrir conversaciones necesarias o perpetuar daños que llevan años existiendo.


Por eso escribir sobre discapacidad me hizo entender que comunicar también implica responsabilidad. No se trata únicamente de expresar una opinión ni de escribir desde la emoción. Tampoco basta con tener buenas intenciones. Implica informarse, contrastar información, escuchar experiencias diversas, revisar sesgos propios y entender que cuando hablamos de realidades que afectan a otras personas, nuestras palabras tienen consecuencias.


Porque no es lo mismo visibilizar que exponer. No es lo mismo incluir que infantilizar. No es lo mismo representar que estereotipar. No es lo mismo dar voz que hablar por encima de quienes deberían ser escuchadas.


Y esto no significa escribir con miedo constante a equivocarse. Significa escribir desde la responsabilidad de querer hacerlo mejor: con más conciencia, más escucha, más humanidad y más rigor.


Desde que escribo sobre discapacidad también he entendido que muchas transformaciones sociales no siempre empiezan en grandes instituciones o discursos políticos. A veces comienzan en espacios aparentemente pequeños: en cómo redactamos un artículo, en cómo formulamos una pregunta, en cómo construimos un titular, en cómo reaccionamos ante comentarios capacitistas normalizados o en cómo contamos determinadas historias. Cambiar estructuras más grandes también requiere cambiar narrativas, y cambiar narrativas empieza muchas veces revisando las palabras que utilizamos todos los días.


Hoy, en el Día del Libro, quiero celebrar no solo a quienes escribieron libros que marcaron mi vida. También quiero celebrar el acto de escribir con conciencia, la posibilidad de generar conversaciones más humanas, la oportunidad de cuestionar discursos dañinos y el privilegio de utilizar las palabras para construir algo mejor.


Porque las palabras pueden excluir o incluir. Pueden herir o acompañar. Pueden reforzar estigmas o ayudar a romperlos. Pueden invisibilizar realidades o hacerlas visibles con más dignidad.


Y quizá esa ha sido una de las lecciones más importantes que me ha dado la escritura: entender que escribir no es solo compartir ideas, también es decidir qué tipo de mundo ayudamos a construir con cada palabra que elegimos.


Y quizá esa también puede ser una forma de celebrar el Día del Libro: no solo leyendo historias que transforman nuestra mirada, sino escribiendo y comunicando de una forma que también ayude a transformar realidades. ❤️📖✨


#DíaDelLibro #Discapacidad #LenguajeInclusivo #ComunicaciónResponsable

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